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¿Por qué es tan seductor el mito del multimillonario que abandona la universidad?


Por Anna Johansson .Publicado el 2026/05/06 13:49
¿Por qué es tan seductor el mito del multimillonario que abandona la universidad?
Mayo. 06, 2026
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En el imaginario del éxito empresarial, las historias de triunfos fulgurantes tras abandonar los estudios ocupan un lugar privilegiado. Sin embargo, la evidencia estadística es contundente: el éxito de quienes abandonan la universidad de élite constituye, en realidad, una excepción poco frecuente.

Cada pocas semanas, los medios presentan a un nuevo prodigio o emprendedor revolucionario que decidió dejar las aulas para construir un imperio. Ejemplos como Bill Gates, Steve Jobs, Mark Zuckerberg o Larry Ellison —figuras icónicas de la era digital— abandonaron la universidad antes de completar sus estudios para encabezar algunas de las mayores fortunas del mundo.

No obstante, la figura del multimillonario que deja la universidad es, en el mejor de los casos, engañosa y, en el peor, un mito profundamente arraigado en la cultura contemporánea. La pregunta es inevitable: ¿por qué esta narrativa resulta tan atractiva y persistente?

La ilusión de la excepción

El arquetipo del multimillonario que abandona la universidad es problemático porque los ejemplos anecdóticos pueden conducir a conclusiones erróneas. Podría inferirse que abandonar los estudios para emprender garantiza el éxito, o que la deserción académica está vinculada a una capacidad innata para asumir riesgos extraordinarios, rasgo asociado al espíritu emprendedor.

Sin embargo, estos casos son mucho más raros de lo que suele percibirse. Un análisis de la lista Forbes 400 —que agrupa a las 400 personas más ricas de Estados Unidos— resulta revelador. De los 362 multimillonarios con información educativa disponible, solo 44 abandonaron sus estudios, lo que equivale aproximadamente al 12,2 %. En consecuencia, cerca del 88 % completó su formación universitaria.

Las estadísticas también reflejan el impacto económico de la educación superior. Diversos estudios indican que un hombre con título universitario gana, en promedio, unos 900 000 dólares más a lo largo de su vida que alguien con solo educación secundaria. En el caso de las mujeres, la diferencia asciende a aproximadamente 630 000 dólares. Aunque estas cifras no implican riqueza extrema, resultan significativas desde una perspectiva económica.

El papel del sesgo de supervivencia

Si el número de multimillonarios sin título es reducido a escala global, ¿por qué su presencia mediática es tan desproporcionada? La respuesta se encuentra en el sesgo de supervivencia (survivorship bias), un error cognitivo que surge al centrarse únicamente en los casos visibles de éxito, ignorando los numerosos fracasos que no llegan a la atención pública.

Con frecuencia, se destacan unas pocas decenas de historias exitosas, mientras que se omite a los millones de personas que abandonaron la universidad y no alcanzaron resultados extraordinarios. Según datos de College Atlas, más de un tercio de los estudiantes en Estados Unidos abandona sus estudios superiores; sin embargo, solo una fracción mínima logra construir empresas altamente exitosas.

La fascinación por los rebeldes

Más allá de los sesgos cognitivos, este mito conecta con ciertos patrones psicológicos. Existe una tendencia natural a simpatizar con el “underdog”, aquel que desafía las normas establecidas y logra el éxito contra todo pronóstico.

Además, estas narrativas ofrecen una forma de validación emocional: si otros triunfaron tras cometer errores o abandonar el camino convencional, también podría ser posible superar los propios fracasos. En consecuencia, el emprendedor disruptivo resulta más atractivo para el público que el graduado metódico, aunque este último tenga, estadísticamente, mayores probabilidades de éxito.

Conclusión

Aunque estas historias seguirán captando la atención pública, conviene interpretarlas como excepciones estadísticas y no como modelos universales de éxito. La mayoría de los emprendedores exitosos completaron su formación académica, y la mayoría de quienes la abandonan no alcanzan resultados extraordinarios. Mantener esta perspectiva permite una comprensión más objetiva de la realidad económica, libre de narrativas idealizadas.

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