Drones de combate fabricados con cartón
Por Joe Wilkins .Publicado el
2026/05/12 05:48
Mayo. 12, 2026
En un movimiento que redefine los conceptos de la guerra económica, el Ministerio de Defensa de Japón ha anunciado la entrada en servicio de un tipo de armamento inédito: drones de combate fabricados íntegramente con cartón corrugado. Esta innovación, liderada por la empresa emergente AirKamuy, representa una transición radical de la compleja industria militar hacia una simplicidad letal.
Una revolución en las cadenas de suministro
El ministro de Defensa japonés, Shinjirō Koizumi, subrayó que estos drones, denominados AirKamuy 150, han sido diseñados para ser producidos en cualquier planta de cartón tradicional. Esta estrategia garantiza a Japón:
Continuidad de la producción: Independencia de las fábricas aeroespaciales especializadas que podrían ser blanco de ataques en tiempos de guerra.
Abundancia numérica: La capacidad de inundar el campo de batalla con enjambres infinitos de drones.
Especificaciones técnicas: Una "caja de zapatos" motorizada
A pesar de su apariencia rudimentaria que recuerda a las cajas de envío, los AirKamuy 150 poseen capacidades operativas notables:
Velocidad y autonomía: Alcanzan una velocidad de 100 km/h con una capacidad de vuelo continuo de 80 minutos.
Facilidad de despliegue: El drone se entrega plegado y puede ser ensamblado y estar listo para el despegue por una sola persona en menos de 5 minutos.
Sigilo ante el radar: Gracias a su estructura de papel, estos drones son difíciles de detectar por los sistemas de radar convencionales, diseñados para localizar objetos metálicos.
Guerra de desgaste: El coste como arma suprema
el verdadero ingenio de este proyecto reside en su rentabilidad económica; el coste de un solo drone asciende a unos 2.000 dólares aproximadamente. En comparación, el coste de un drone iraní Shahed ronda los 20.000 dólares, mientras que el precio de los misiles de defensa utilizados para interceptar estos drones de cartón puede superar los cientos de miles de dólares.
Con este enfoque, Japón coloca a sus adversarios ante un dilema militar complejo: o dejar que estos drones baratos alcancen sus objetivos, o agotar las reservas de misiles costosos para derribar simples trozos de cartón.
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