El rendimiento lector de los estudiantes mejora notablemente tras retirar la tecnología de las aulas
Por Frank Landymore .Publicado el
2026/06/16 06:44
Julio. 16, 2026
Una profesora estadounidense asegura que las habilidades de lectura y escritura de sus alumnos mejoraron de forma significativa después de eliminar los dispositivos tecnológicos del aula.
Maureen Mulvaney, profesora de Literatura y Lengua Inglesa de Nivel Avanzado (AP) en la escuela secundaria Washburn de Minneapolis, puso en marcha el año pasado un experimento educativo de «baja tecnología», motivada por el aumento del plagio, las distracciones constantes y el deterioro de los niveles de alfabetización entre los estudiantes.
Con el respaldo de numerosos padres, prohibió el uso de teléfonos móviles y computadoras portátiles durante las clases, exigiendo que todo el trabajo académico se realizara exclusivamente con lápiz y papel. Aunque la medida encontró cierta resistencia inicial, la adaptación de los alumnos fue sorprendentemente rápida.
Antes del inicio del experimento, en septiembre, solo el 46 % de los estudiantes afirmaba sentirse seguro de sus capacidades lectoras. Para febrero, esa cifra había aumentado hasta el 95 %.
«Estamos afrontando numerosos problemas en la educación, y creo que mis alumnos demostraron que existe una solución: reducir la dependencia de la tecnología y recuperar algunas prácticas tradicionales», declaró Mulvaney a la cadena local KARE 11. «Si eliminamos las distracciones, podremos ayudar a nuestros hijos a concentrarse de nuevo».
Una transición gradual hacia el aprendizaje analógico
La docente introdujo los cambios de manera progresiva para facilitar la adaptación de los estudiantes a un entorno libre de pantallas. Inicialmente, las sesiones consistían en apenas diez minutos de lectura silenciosa y escritura a mano.
Aun así, el primer día resultó difícil. En un artículo de opinión publicado en The Minnesota Star Tribune, Mulvaney explicó que la mayoría de los alumnos apenas logró completar media página escrita a mano.
«Les dije que esto era como levantar pesas», explicó a KARE 11. «Nadie entra al gimnasio el primer día y comienza levantando 80 libras».
Con el paso de los meses, la resistencia inicial desapareció. Para febrero, la mayoría de los estudiantes era capaz de escribir al menos dos páginas completas, mientras que algunos alcanzaban cinco o seis. Además, un 79 % aseguró que le resultaba más fácil organizar sus ideas sobre papel que frente a una pantalla.
«Sinceramente, fue una experiencia muy positiva», afirmó el estudiante Rue Falbo. «Disfruté desconectándome de la tecnología y creo que todos logramos relacionarnos mejor entre nosotros».
Otro alumno, Khalil Omar, explicó que descubrió una nueva apreciación por la escritura manual. «Cuando utilizo un Chromebook, siempre existe la tentación de buscar algo o consultar la definición de una palabra. En cambio, cuando escribo en papel, siento que las ideas surgen de mí mismo», señaló.
La ausencia de herramientas de inteligencia artificial también desempeñó un papel importante. «Cuando usamos papel, desaparece la tentación de recurrir a la IA», comentó otro estudiante citado por Mulvaney. «Tengo que generar mis propias ideas, y lo hago».
Un debate creciente sobre la tecnología en la educación
Los resultados del experimento llegan en un momento en que numerosos educadores expresan su preocupación por la disminución de las competencias lectoras y el aumento de las prácticas de fraude académico facilitadas por las herramientas de inteligencia artificial.
Diversas investigaciones han señalado posibles efectos negativos asociados al uso excesivo de dispositivos digitales, entre ellos una menor capacidad de concentración y una reducción del pensamiento crítico durante determinadas tareas cognitivas.
Uno de los aspectos más llamativos del experimento fue la decisión de prohibir no solo los teléfonos móviles, sino también las computadoras portátiles, dispositivos que suelen quedar al margen de las restricciones adoptadas por muchos centros educativos. Mientras numerosas escuelas limitan el uso de los teléfonos, continúan permitiendo las laptops en clase, pese a que también pueden convertirse en una fuente constante de distracción.
Durante años, las computadoras portátiles han sido consideradas herramientas esenciales para el aprendizaje. Sin embargo, algunos especialistas comienzan a cuestionar si su presencia permanente en el aula siempre beneficia el proceso educativo.
Asimismo, resulta significativo que los cambios observados se produjeran en un período relativamente corto. Esto sugiere que algunos de los efectos asociados a la dependencia de los dispositivos digitales podrían ser reversibles mediante estrategias pedagógicas adecuadas.
Como concluyó Mulvaney en su artículo de opinión: «Los niños no han cambiado. Lo que ha cambiado es la educación, y necesitamos volver a aquello que realmente funciona».
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