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Cerebros humanos conectados a soporte vital: una startup explora la frontera entre la vida y la muerte


Por Frank Landymore .Publicado el 2026/05/31 19:59
Cerebros humanos conectados a soporte vital: una startup explora la frontera entre la vida y la muerte
Mayo. 31, 2026
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En una escena que parece salida de una novela de ciencia ficción o de una producción cinematográfica futurista, una empresa emergente de biotecnología llamada Bexorg está desarrollando investigaciones que han abierto uno de los debates más complejos de la ciencia moderna: ¿qué ocurre cuando un cerebro humano continúa funcionando biológicamente después de la muerte de su propietario?

Cerebros mantenidos artificialmente tras la muerte


La propuesta de la compañía consiste en extraer cerebros humanos pocas horas después del fallecimiento de sus dueños y conectarlos a un sofisticado sistema de soporte vital, según informó la revista científica Science. Aunque estos órganos no muestran actividad eléctrica asociada a la conciencia, muchas de sus funciones celulares esenciales permanecen activas, permitiendo a los investigadores estudiar enfermedades neurológicas y probar fármacos experimentales en condiciones que hasta ahora resultaban imposibles.

El cerebro es conectado a una plataforma tecnológica exclusiva denominada BrainEX, diseñada para mantener la circulación de oxígeno, nutrientes y otros elementos necesarios para preservar la viabilidad celular. El sistema incorpora diversos mecanismos de soporte artificial que sustituyen temporalmente funciones biológicas críticas.

Según la descripción recogida por Science, algunos investigadores consideran que estos órganos se encuentran en una especie de "zona gris" entre la actividad biológica persistente y la muerte clínica, un concepto que continúa siendo objeto de debate científico y filosófico.

Entre la tranquilidad ética y las preguntas sin respuesta

La naturaleza de estos experimentos ha generado interrogantes éticos inevitables. Brendan Parent, uno de los asesores especializados en bioética que colaboran con Bexorg, sostiene que los cerebros utilizados carecen prácticamente de las señales neuronales coordinadas necesarias para generar cualquier forma reconocible de conciencia.

Como medida de precaución, los investigadores administran propofol, un potente anestésico utilizado habitualmente en medicina. El objetivo es evitar cualquier posibilidad remota de actividad eléctrica organizada que pudiera surgir durante los experimentos.

Sin embargo, el propio uso preventivo de anestésicos ha alimentado nuevas discusiones éticas sobre los límites de estas investigaciones y sobre cómo debe definirse la línea que separa la actividad biológica de la experiencia consciente.

Una alternativa revolucionaria a los modelos animales

Más allá de la controversia, los científicos ven en esta tecnología un enorme potencial para acelerar el desarrollo de tratamientos contra enfermedades neurodegenerativas.

Zvonimir Vrselja, director ejecutivo de Bexorg, explica que estos cerebros contienen décadas de exposición a factores ambientales, procesos biológicos y antecedentes médicos reales, algo imposible de reproducir en modelos animales o cultivos celulares.

"Estás tratando con células que han vivido y reaccionado durante un período de entre 60 y 80 años", señaló el investigador a Science.

La neurocientífica Bruna Bellaver, investigadora de enfermedades neurodegenerativas en la Universidad de Pittsburgh, considera que este enfoque podría representar un avance significativo respecto a muchos de los modelos experimentales utilizados actualmente en laboratorio.

Del cerebro de cerdo al cerebro humano

Bexorg ya había llamado la atención de la comunidad científica hace más de seis años cuando logró mantener activos durante 36 horas cerebros de cerdos decapitados mediante una versión temprana de la tecnología BrainEX.

En la actualidad, los cerebros humanos utilizados en las investigaciones no permanecen conectados indefinidamente. Tras aproximadamente 24 horas de observación y experimentación, los órganos son divididos en cientos de muestras destinadas a análisis microscópicos y moleculares detallados.

La empresa prevé automatizar parte de este proceso mediante sistemas robóticos capaces de procesar hasta 1.600 cerebros al año.

La industria farmacéutica observa con atención

Aunque Bexorg todavía no ha publicado estudios científicos propios sobre sus investigaciones con cerebros humanos, varias compañías farmacéuticas ya han comenzado a utilizar esta tecnología.

La empresa Biohaven ha empleado más de un centenar de estos cerebros para evaluar medicamentos experimentales, incluidos tratamientos potenciales contra la enfermedad de Parkinson. Según los informes disponibles, algunos de los datos obtenidos podrían servir como base para futuros ensayos clínicos en humanos.

Un debate que apenas comienza

A medida que estas tecnologías avanzan, científicos, bioeticistas y legisladores se enfrentan a una cuestión fundamental: ¿hasta qué punto puede prolongarse la actividad biológica de un órgano humano sin obligarnos a replantear los conceptos tradicionales de vida, muerte y conciencia?

La respuesta no solo determinará el futuro de la investigación biomédica, sino también la forma en que la sociedad comprenderá los límites de la existencia humana en las próximas décadas.

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