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Una startup explora discretamente la creación de cuerpos humanos clonados para posibles trasplantes cerebrales


Por Victor Tangermann .Publicado el 2026/05/04 07:59
Una startup explora discretamente la creación de cuerpos humanos clonados para posibles trasplantes cerebrales
Mayo. 04, 2026
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Desde mediados de la década de 1990, la comunidad científica ha mostrado un interés sostenido por la clonación de animales. El caso de la oveja Dolly marcó un hito histórico al convertirse en el primer mamífero clonado a partir de una célula somática adulta —procedente de una glándula mamaria— hace casi tres décadas, en 1996.

La transición de la clonación de embriones animales a la clonación humana ha resultado considerablemente más controvertida, no solo por las implicaciones éticas, sino también por la complejidad biológica y los riesgos asociados. Hasta la fecha, los avances se han limitado a la generación de modelos de embriones humanos derivados de células madre y a la clonación de primates a partir de células fetales, en lugar de células adultas como en el caso de Dolly.

De la biotecnología experimental a escenarios de extensión vital

Este límite no ha impedido que ciertos actores del sector biotecnológico exploren escenarios más ambiciosos, algunos de ellos cercanos a la ciencia ficción. Una startup de perfil bajo, respaldada por inversores multimillonarios y conocida como R3 Bio, ha comenzado a desarrollar lo que describe como “reservorios de órganos” basados en primates no conscientes, según informó recientemente Wired. Estas estructuras biológicas contendrían todos los órganos típicos del cuerpo, excepto el cerebro, y funcionarían como fuentes potenciales de tejidos y órganos para trasplantes.

Sin embargo, investigaciones posteriores publicadas por MIT Technology Review sugieren que los objetivos del proyecto podrían ser más amplios de lo inicialmente declarado. Según estas fuentes, los fundadores de R3 Bio habrían discutido internamente la posibilidad de crear organismos humanos completos sin desarrollo cerebral —denominados informalmente “clones sin cerebro”— destinados a servir como cuerpos donantes en los que, eventualmente, se podría trasplantar el cerebro de un individuo envejecido o enfermo.

Una de las implicaciones más controvertidas de este concepto es su aparente ventaja ética: al eliminar el desarrollo neurológico, estos organismos evitarían algunos de los dilemas morales asociados a la conciencia y la identidad personal.

Entre la negación pública y la exploración conceptual

Pese a estas especulaciones, la empresa ha negado cualquier intención formal de desarrollar organismos humanos sin capacidad cognitiva. En un comunicado remitido a MIT Technology Review, R3 Bio afirmó que su fundador “nunca realizó declaraciones sobre hipotéticos clones humanos no sintientes gestados mediante gestación subrogada”, y calificó como “categóricamente falsas” las acusaciones de intención o planificación en esa dirección.

No obstante, la cofundadora Alice Gilman declaró a la misma publicación que el equipo “se reserva el derecho de mantener discusiones conceptuales y futuristas” sobre escenarios de este tipo, lo que mantiene abierta la ambigüedad entre especulación teórica e investigación potencial.

En paralelo, el fundador John Schloendorn habría presentado estas ideas en entornos privados e inversores durante años, según la investigación.

Obstáculos biológicos, legales y éticos

Más allá de la controversia ética, diversos expertos consideran que la viabilidad técnica de un sistema de reemplazo corporal completo es extremadamente limitada.

“Existen numerosas barreras”, señaló el investigador José Cibelli, de la Universidad Estatal de Michigan, pionero en intentos de clonación de embriones humanos para obtener células madre a comienzos de los años 2000. Entre los principales obstáculos se encuentran las restricciones legales, los riesgos médicos y la ausencia de tecnologías funcionales como los úteros artificiales, que aún pertenecen al ámbito de la investigación especulativa.

“Sería necesario convencer a una mujer para gestar un feto con anomalías deliberadas”, añadió Cibelli, subrayando la magnitud de los desafíos éticos y biomédicos implicados.

El investigador también señaló el denominado “factor de repulsión”, una reacción social negativa que históricamente ha limitado el desarrollo de ciertas tecnologías biomédicas, independientemente de su viabilidad científica.

Entre la especulación científica y los límites de lo posible

A pesar de ello, los impulsores del proyecto no parecen haber abandonado la exploración conceptual del modelo. Según MIT Technology Review, Schloendorn ha mantenido presentaciones privadas en las que defiende la posibilidad de desarrollar tecnologías de reemplazo corporal bajo estrictos criterios de beneficio social y seguridad.

“Intentaremos hacerlo de manera que genere beneficios sociales claros desde el principio, y debemos estar preparados para aceptar una respuesta negativa si no puede realizarse de forma segura”, habría escrito en un mensaje de 2024.

Sin embargo, incluso dentro de la comunidad científica más cercana a estos debates, persiste un consenso claro: la brecha entre la biología actual y la posibilidad de diseñar cuerpos humanos funcionales sin desarrollo cerebral sigue siendo inmensa.

Por ahora, la idea permanece en un territorio intermedio entre la especulación biotecnológica avanzada y los límites aún inexplorados —y posiblemente inalcanzables— de la ingeniería humana.

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