Red global de computación ciudadana identifica 100 señales potencialmente extraterrestres
Por Victor Tangermann .Publicado el
2026/05/04 07:35
Mayo. 04, 2026
Durante más de dos décadas, millones de personas en todo el mundo cedieron voluntariamente la potencia de procesamiento de sus computadoras personales para contribuir a una de las iniciativas más ambiciosas en la búsqueda de inteligencia extraterrestre: el proyecto SETI@home, desarrollado por la University of California Berkeley.
El objetivo era analizar enormes volúmenes de datos obtenidos por el Arecibo Observatory, en busca de señales de radio inusuales procedentes del cosmos. Este enfoque constituyó un ejemplo paradigmático de computación distribuida, en el que una vasta red de dispositivos individuales opera de forma coordinada para resolver problemas científicos complejos. Sin embargo, pese a la magnitud del esfuerzo, aún no se han obtenido resultados concluyentes, y los datos continúan siendo objeto de análisis.
Tras 21 años de actividad, el proyecto llegó a su fin en 2020, acumulando aproximadamente 12.000 millones de detecciones. Según datos de UC Berkeley, esta cifra lo consolida como uno de los mayores experimentos de colaboración científica abierta de la historia.
De miles de millones de señales a un centenar de candidatas
A lo largo de los años, los investigadores aplicaron rigurosos filtros para depurar los datos, eliminando interferencias de radiofrecuencia y ruido instrumental mediante el uso de supercomputadoras. Este proceso redujo el conjunto inicial a unas 100 señales candidatas que merecen un análisis más detallado.
Desde julio, los científicos han recurrido al FAST —el radiotelescopio de apertura esférica más grande del mundo— con la esperanza de volver a observar estas fuentes y verificar su origen.
El cierre del Arecibo Observatory, que colapsó en 2020 tras daños estructurales irreparables, supuso un duro golpe para este tipo de investigaciones, al privar a la comunidad científica de uno de sus instrumentos más emblemáticos.
Sensibilidad sin precedentes, resultados inciertos
Aunque el proyecto no haya conducido al esperado “primer contacto”, sus contribuciones no son menores. Los datos recopilados, junto con los análisis derivados, han dado lugar a estudios publicados en The Astronomical Journal, que destacan los avances metodológicos alcanzados.
“Si no encontramos evidencia de inteligencia extraterrestre, al menos podemos afirmar que hemos establecido un nuevo umbral de sensibilidad”, señaló el cofundador del proyecto, David Anderson. “Cualquier señal por encima de ese nivel habría sido detectada”.
El equipo confía en que las lecciones aprendidas sirvan de base para futuras iniciativas. Entre ellas, la necesidad de optimizar tanto los algoritmos de filtrado como las estrategias de observación en nuevas generaciones de proyectos SETI.
El desafío persistente de la interferencia
Uno de los principales obstáculos identificados es la contaminación de los datos por interferencias de origen terrestre. Según el astrónomo Eric Korpela, emisiones procedentes de tecnologías cotidianas —como transmisiones de radio, televisión o incluso dispositivos domésticos— pueden distorsionar significativamente las señales recogidas.
“Debemos mejorar nuestra capacidad para evaluar qué estamos descartando”, explicó Korpela. “Existe el riesgo de eliminar señales valiosas junto con el ruido, y en muchos casos no sabemos hasta qué punto esto ocurre”.
Entre la frustración y la persistencia
Tras analizar datos correspondientes a miles de millones de estrellas en la Vía Láctea, la ausencia de detecciones concluyentes ha generado cierta frustración entre los investigadores. Aun así, el proyecto se mantiene como uno de los esfuerzos más sensibles jamás realizados en la búsqueda de señales de banda estrecha en amplias regiones del cielo.
“Contábamos con una de las mejores oportunidades de detección”, reconoció Korpela, “por lo que es inevitable cierta decepción ante la falta de resultados positivos”.
No obstante, los avances tecnológicos ofrecen nuevas perspectivas. El incremento en la potencia de procesamiento y la mejora del ancho de banda de internet podrían permitir proyectos aún más ambiciosos en el futuro. El principal desafío, sin embargo, sigue siendo estructural: la necesidad de recursos humanos especializados y financiación sostenida.
Una posibilidad que sigue abierta
Pese a todo, la incertidumbre persiste. Los investigadores no descartan que una señal genuinamente extraterrestre ya esté presente en los datos analizados, pero haya pasado desapercibida debido a las limitaciones metodológicas.
“Siempre existe la posibilidad de que la señal estuviera ahí… y la hayamos pasado por alto por un margen extremadamente estrecho”, concluyó Korpela.
En ese margen, precisamente, sigue habitando una de las preguntas más profundas de la ciencia: si estamos —o no— solos en el universo.
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