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Un país entero adoptó Bitcoin y el resultado fue un desastre


Por Joe Wilkins .Publicado el 2026/05/08 09:06
Un país entero adoptó Bitcoin y el resultado fue un desastre
Mayo. 08, 2026
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Cuatro años después de un experimento frenético con Bitcoin, El Salvador aún espera que el prometido sueño cripto se haga realidad.

Mientras Estados Unidos lucha por sacar adelante incluso una legislación básica sobre criptomonedas, una pequeña nación apostó todo a la blockchain —y el resultado era previsible.

Ese país es El Salvador, hogar del pueblo indígena pipil de Cuscatlán, de antiguos bosques de manglares y, durante cuatro años turbulentos, de la industria cripto.

Siguiendo los impulsos del populista conservador Nayib Bukele —quien se autodenomina “el dictador más genial del mundo”—, la Asamblea Legislativa salvadoreña aprobó en junio de 2021 una ley que convirtió a El Salvador en el primer país del mundo en reconocer el Bitcoin como moneda de curso legal. El gobierno esperaba que el decreto impulsara la debilitada economía nacional, que ya era un creciente refugio del crimen organizado, algo habitual en países con altos niveles de pobreza.

Soñando con el futuro cripto, los legisladores fijaron septiembre de 2021 como fecha para la “tokenización” nacional, aunque quedaba mucho trabajo por hacer.

Antes del gran día, el país centroamericano contrató a la empresa estadounidense de custodia de activos digitales BitGo para gestionar su billetera central de criptomonedas, prometiendo 30 dólares en Bitcoin a cada ciudadano, respaldados por una compra gubernamental de 20 millones de dólares en Bitcoin. Los planes fueron improvisados rápidamente para convertir a BitGo en la infraestructura bancaria digital oficial de los 6,3 millones de habitantes de El Salvador. Bukele recurrió a Twitter para promocionar las medidas, mientras los cajeros automáticos de Bitcoin comenzaban a aparecer en cada esquina.

En total, unos 200 millones de dólares de dinero público salvadoreño fueron destinados a esta apuesta —el 2,7 % del presupuesto anual del gobierno, según Time. La euforia oficial no era mera retórica propia del mundo cripto; había demasiado en juego como para que fallara.

Entonces llegó la realidad. Los resultados inmediatos fueron devastadores. El precio del Bitcoin cayó casi de inmediato alrededor de un 20 %. Los servidores de BitGo tuvieron dificultades para soportar la avalancha de nuevos usuarios, mientras la aplicación oficial de criptomonedas del gobierno ni siquiera apareció en plataformas como Apple o Huawei. Los manifestantes salieron a las calles y rodearon la Corte Suprema, donde fueron recibidos por fuerzas antidisturbios fuertemente armadas.

Desde entonces, el país ha experimentado un aumento de la inflación, del endeudamiento nacional y un fuerte incremento de la pobreza. A principios de marzo de 2025, menos del 2 % de los ciudadanos había adoptado esta tecnología financiera ampliamente promovida.

Con pocos incentivos económicos para buscar medios de vida legales, los problemas de criminalidad persistieron en El Salvador, lo que llevó a una dura campaña represiva por parte de Bukele, que provocó un aumento del 205 % en la población penitenciaria entre 2021 y 2024. Para muchos salvadoreños, el auge de las criptomonedas y la escalada de la violencia estatal fueron fenómenos paralelos.

Y pese a exigir a todas las empresas salvadoreñas aceptar Bitcoin como medio de pago, la apuesta cripto de Bukele no logró atraer a muchos de los actores internacionales que esperaba, ni inundar al país de capital virtual.

Un video de 2022 ayuda a entender por qué. Muestra a un entusiasta de las criptomonedas en un quiosco de cerveza de autoservicio intentando pagar su bebida con Bitcoin. “No tengo la factura lista”, dice mientras mueve su teléfono sin éxito alrededor del terminal.

No es de extrañar que muchos salvadoreños hayan rechazado en gran medida el sistema cripto, si se supone que debía ser su salvación frente a la pobreza.

Pero la falta de entusiasmo interno no ha impedido que Bukele redoble su apuesta. El presidente ha acelerado recientemente los planes para una ostentosa “Ciudad Bitcoin”, destinada a atraer a magnates de la industria y entusiastas cripto de todo el mundo. Ubicada sobre un antiguo bosque de manglares, la construcción ha destruido hasta ahora más de tres kilómetros cuadrados de terreno natural y ha desplazado a 225 familias, muchas de ellas indígenas.

Asimismo, el gobierno ha incumplido un préstamo de 3.500 millones de dólares del FMI que habría limitado las transacciones estatales en Bitcoin y prohibido la acumulación de esta criptomoneda por parte del Estado. Eso ocurrió la semana pasada, y ayer la “Oficina de Bitcoin” de El Salvador anunció la incorporación de un Bitcoin adicional a sus reservas, un movimiento que deja incierto el futuro del acuerdo.

Es un giro inesperado en la larga y compleja saga del experimento Bitcoin en El Salvador, una historia que, al parecer, aún está lejos de terminar.

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