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El capitalismo de la vigilancia: cómo las tecnológicas controlan nuestra vida para generar beneficios


Por James Bridle .Publicado el 2026/05/07 23:08
El capitalismo de la vigilancia: cómo las tecnológicas controlan nuestra vida para generar beneficios
Mayo. 07, 2026
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Suena la alarma junto a su cama, activada automáticamente por un evento del calendario. El termostato inteligente detecta su movimiento, enciende el agua caliente y registra sus desplazamientos en una base de datos centralizada. Las noticias aparecen en su teléfono y cada clic —o la ausencia de él— es analizado minuciosamente para ajustar el contenido que verá después.

Desde la distancia de su carrera matutina hasta el contenido de sus mensajes de texto, pasando por conversaciones privadas en el hogar o compras impulsivas, todo queda registrado, convertido en datos, procesado, analizado y revendido como si se tratara de activos financieros de alto riesgo. Esta acumulación constante de experiencias expropiadas se ha vuelto tan habitual que muchos ya la aceptan con indiferencia, olvidando que no se trata de una distopía futurista, sino de nuestra realidad cotidiana.

El «excedente conductual»

Aunque Google nació con la promesa de organizar el conocimiento humano, terminó monopolizando el acceso a él; nosotros buscamos, pero al mismo tiempo somos observados. Facebook, concebido originalmente para conectarnos, acabó acumulando algunos de nuestros secretos más íntimos.

En su lucha por la supervivencia comercial, estas compañías descubrieron un nuevo tipo de activo: el llamado «excedente conductual». Se trata del inmenso volumen de información generado por nuestros pensamientos, hábitos y acciones, convertido en mercancía dentro de mercados dedicados a predecir —e incluso fabricar— nuestras necesidades.

Lo que distingue a esta nueva forma de explotación es que ya no se limita a extraer datos de nuestra vida interior: busca modelarla, dirigirla y condicionarla. El control absoluto de la producción, característico del capitalismo industrial, se extiende ahora a cada aspecto de la vida cotidiana.

Pokémon Go: ¿un juego o un mecanismo de manipulación?

Tomemos como ejemplo Pokémon Go. Mientras los usuarios creían participar en una experiencia lúdica de realidad aumentada, en realidad eran guiados a través de un entorno diseñado para conducirlos hacia oportunidades comerciales concretas.

Pocos días después de su lanzamiento en 2016, sus creadores revelaron que las ubicaciones virtuales más atractivas podían venderse al mejor postor: cadenas como McDonald's o Starbucks pagaban para dirigir a los jugadores directamente a sus establecimientos.

Los usuarios creen participar en un simple juego, cuando en realidad forman parte —muchas veces sin saberlo— de un gigantesco sistema de modificación de conducta a escala global.

De la privacidad a los derechos de decisión

Gran parte del debate contemporáneo sobre Google o Facebook gira en torno a la privacidad. Sin embargo, Shoshana Zuboff propone replantear la discusión desde otra perspectiva: los «derechos de decisión», es decir, nuestra capacidad de decidir libremente sobre el rumbo de nuestras vidas.

Al aceptar las dinámicas del capitalismo de vigilancia, terminamos cediendo partes esenciales de nuestra autonomía al control del mercado.

Esta lógica de coerción invisible aplicada a la esfera social resulta profundamente inquietante. La idea de que el comportamiento humano puede ser modelado y controlado algorítmicamente erosiona la confianza en las instituciones y amenaza con reemplazar la democracia participativa por la ilusión de una certeza algorítmica.

El capitalismo de vigilancia, convertido en el «código» invisible de la vida cotidiana, termina por erosionar tanto el libre albedrío como la noción clásica de libre mercado.

Como escribió Antonio Gramsci desde su celda en la Italia fascista: “El viejo mundo muere y el nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”.

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