Un centro de datos libera el equivalente a 23 bombas nucleares cada día
Por Frank Landymore .Publicado el
2026/05/12 11:37
Mayo. 12, 2026
Mientras el mundo corre contra el reloj para reducir las emisiones de carbono, emerge una nueva dimensión de la crisis climática: el calor residual generado por la infraestructura de la inteligencia artificial y la computación en la nube. El consumo eléctrico ya no es la única preocupación; los centros de datos se han convertido en auténticas “islas de calor” capaces de alterar el equilibrio climático de regiones enteras.
Un análisis realizado por un experto especializado advierte que un gigantesco centro de datos proyectado en el condado de Box Elder, en Utah, podría crear una enorme isla térmica con consecuencias devastadoras para el ecosistema local.
La instalación, conocida como “Proyecto Stratos”, cuenta con el respaldo del reconocido inversor Kevin O'Leary. Según sus desarrolladores, el complejo consumirá hasta nueve gigavatios de energía, más del doble de la electricidad utilizada actualmente por todo el estado de Utah.
Pero semejante demanda energética implica un coste oculto que no aparece en los balances financieros: además de esos nueve gigavatios de consumo eléctrico, la instalación generará entre 7 y 8 gigavatios adicionales en forma de calor residual. Así lo sostiene Robert Davies, profesor de física de la Universidad Estatal de Utah, quien compartió sus cálculos con el diario Salt Lake Tribune. En total, la carga térmica del proyecto alcanzaría unos impresionantes 16 gigavatios.
Una concentración térmica asfixiante
El problema se agrava porque el Proyecto Stratos prevé operar con generadores de gas instalados en el propio recinto las 24 horas del día. Esto permitiría al complejo funcionar de manera independiente de la red eléctrica local, una estrategia habitual entre los grandes centros de datos que necesitan garantizar enormes cantidades de energía de forma continua.
Sin embargo, esta práctica concentra todo el calor residual en una misma zona, a diferencia de las centrales eléctricas convencionales, donde parte del calor termina dispersándose a través de hogares y negocios que consumen la energía producida. En el caso de Stratos, el área afectada sería el valle de Hansel, una cuenca natural que tiende a retener el aire en su interior.
23 bombas nucleares al día
La magnitud del fenómeno resulta difícil de imaginar. En una comparación impactante, Davies calculó que el proyecto equivaldría a liberar en el entorno local la energía de unas 23 bombas nucleares cada día.
“¿Qué ocurre cuando se deposita semejante cantidad de energía de manera continua en una topografía como esta? Justo en el extremo norte del Gran Lago Salado, en una cuenca que ya se encuentra bajo presión, en un entorno de desierto elevado”, cuestionó Davies en declaraciones al Salt Lake Tribune.
Y si la imagen de las bombas nucleares resulta demasiado abstracta, puede compararse con una referencia más cotidiana: en superficie, la instalación equivaldría aproximadamente a 2.000 tiendas Walmart. Pero su huella energética sería comparable a la de 40.000 establecimientos de ese tipo, o como si 2.000 Walmart estuvieran apilados en edificios de veinte plantas.
Un clima más cercano al Sahara
Las consecuencias ambientales podrían ser severas. Según Davies, el proyecto podría elevar las temperaturas locales en unos 5 grados Fahrenheit durante el día y hasta 28 grados durante la noche.
Ben Abbott, profesor de ecología de la Universidad Brigham Young y revisor del análisis de Davies, afirmó:
“Esa es la diferencia entre el clima semiárido de Utah y el del desierto del Sahara. Esto transformaría por completo el paisaje”.
Abbott también advirtió que el valle podría convertirse en una nueva extensión árida, agravando los problemas de polvo en la región a medida que el Gran Lago Salado continúa reduciéndose y deja expuesto más lecho seco.
El análisis de Davies se suma a un creciente número de investigaciones sobre el impacto térmico de los centros de datos. Otro estudio sugiere que estas instalaciones podrían elevar la temperatura del suelo hasta 16 grados Fahrenheit en varios kilómetros a la redonda. Además de la presión ambiental, el problema ya comienza a afectar a las propias empresas tecnológicas: la semana pasada, Amazon Web Services informó que tuvo que cerrar temporalmente uno de sus centros de datos en el norte de Virginia debido al sobrecalentamiento.
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