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Cabalgar contra las pantallas: ¿cómo lograron los amish imponer límites a la tecnología?


Por Maggie Harrison Dupré .Publicado el 2026/05/25 15:35
Cabalgar contra las pantallas: ¿cómo lograron los amish imponer límites a la tecnología?
Mayo. 25, 2026
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La inteligencia artificial ha comenzado a abrirse camino en una comunidad conocida por su extrema cautela y sus estrictas restricciones frente a la tecnología: los amish.

Los amish son una comunidad cristiana conservadora que vive en sociedades rurales cerradas en Estados Unidos y Canadá. Son famosos por su apego a un estilo de vida sencillo y tradicional, desplazándose en carruajes de madera tirados por caballos y vistiendo ropas uniformes de corte antiguo. Toda tecnología es sometida a una evaluación estrictamente utilitaria: cualquier innovación que pueda debilitar los lazos familiares o aislar a las personas es rechazada.

En el condado de Holmes, en el estado de Ohio —la región con la mayor concentración de amish en Estados Unidos— algunos miembros de la comunidad han comenzado a utilizar la inteligencia artificial generativa como una nueva herramienta profesional para realizar tareas cotidianas, como redactar correos electrónicos, preparar contratos, crear hojas de cálculo y administrar sus empresas familiares dedicadas a la manufactura, la construcción y la agricultura.

Ian Wengerd, propietario de una empresa metalúrgica y padre de seis hijos perteneciente a la comunidad amish, declaró a la revista New York Magazine:
“Comencé a utilizarla poco después de su lanzamiento, simplemente por curiosidad. Pero cuanto más dependía de ella, más comprendía que realmente podía ser útil para administrar nuestros negocios.”

Wengerd, cuya empresa emplea a unas treinta personas, explicó que sus actividades incluyen proyectos gubernamentales, federales y privados. Según él, sin la tecnología moderna —incluidos los chatbots— tanto él como sus trabajadores habrían quedado fuera del mercado laboral. Y añadió con claridad:
“Si hoy intentáramos gestionar nuestra empresa únicamente con fax y correo de voz, tendría que cerrar definitivamente mi compañía.”

 Restricciones estrictas y límites saludables frente a las pantallas

No todos los amish tienen acceso a Internet y, aun cuando lo poseen, su uso está severamente restringido y sometido a vigilancia. En este contexto, el historiador Marcus Yoder estima que menos de la mitad de los amish del condado de Holmes están conectados a la red, y calcula que menos del 10 % de ellos ha probado realmente herramientas de inteligencia artificial.

Ninguna de las personas entrevistadas por la revista poseía un teléfono inteligente; todos utilizan teléfonos tradicionales modificados, conocidos como Dumb Phones, o teléfonos plegables Flip Phones. Además, su vida digital pasa por estrictos programas cristianos de filtrado, y permanece casi completamente confinada al entorno laboral. Paradójicamente, esta separación tajante entre el trabajo y el hogar ha creado unos límites tecnológicos saludables que la sociedad moderna parece haber perdido.

John Wengerd, de 19 años, familiar de Ian y dedicado al sector avícola y a la gestión inmobiliaria, afirmó:
“No puedo quedarme media hora acostado en la cama haciendo preguntas a un chatbot; la tecnología no está al alcance de mi mano durante mi tiempo libre ni en mis momentos de debilidad. Cuando regreso a casa, estoy ocupado montando a caballo o alimentando a las gallinas.”

 Pragmatismo absoluto: equilibrio entre innovación y tradición

Esta adopción limitada y pragmática de los chatbots encaja perfectamente con la actitud histórica de esta comunidad religiosa hacia las nuevas tecnologías: un enfoque basado en la utilidad absoluta y en adaptar las máquinas al servicio de la producción sin comprometer jamás la identidad cultural y espiritual de la comunidad.

Aunque la mayoría de los usuarios de inteligencia artificial en el mundo no tienen el privilegio de salir a cabalgar después del trabajo para reducir su tiempo frente a las pantallas, la experiencia amish ofrece una lección contundente: la inteligencia artificial debería seguir siendo simplemente una herramienta de productividad y no convertirse en una compañía permanente de la vida cotidiana.

Al final, Daniel Wengerd, empresario y pastor dentro de la comunidad, comentó:
“No quiero que parezca que corremos detrás de cada nueva tecnología sin respetar nuestras tradiciones y nuestros valores profundamente arraigados. No abrimos las puertas de par en par a cada novedad digital.”

A pesar de esta estricta cautela, el reportaje concluye con una anécdota curiosa: el pastor Daniel terminó utilizando ChatGPT para redactar una carta romántica destinada a su esposa con motivo del Día de San Valentín.

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