Celiaquía tecnológica: los jóvenes emprendedores abrazan la castidad en aras de su ambición por la riqueza
Por Joe Wilkins .Publicado el
2026/05/06 04:15
Mayo. 06, 2026
En lugar de vivir como los príncipes del dinero nuevo de El gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald, los aspirantes a magnates de hoy persiguen un tipo distinto de lujo: una pureza casi monástica basada en la abstinencia. Para estos futuros líderes, el torbellino del romance y el sexo ha pasado a un segundo plano frente a las notificaciones de Slack y las rondas de financiación.
Obsesión por el trabajo: el amor, en punto muerto
Para Mahir Laul, fundador de la startup de software Velric, solo hay dos prioridades: el gimnasio y el trabajo. «Estoy obsesionado con el trabajo. Mi vida amorosa está en punto muerto», confesó en una entrevista. Bajo la enorme presión de construir el próximo “unicornio” tecnológico, muchos emprendedores se encuentran en la misma situación, adoptando un estilo de vida que apenas deja margen para el romance.
Las citas, una “gran distracción”
«El coste de oportunidad es realmente alto», afirma Annie Liao, fundadora de la empresa de educación en IA Build Club. «Cada noche que pasas fuera es tiempo que podrías haber dedicado a desarrollar tu startup». Para esta nueva generación, las aplicaciones de citas se han convertido en una distracción considerable que los aleja de sus objetivos financieros y profesionales.
Relaciones como herramienta de apoyo
Por otro lado, algunos fundadores que ya mantienen relaciones estables consideran que estas pueden ser beneficiosas para sus proyectos. Yang Fan Yun, cofundador de Composite, explica que su pareja incluso colabora en las pruebas de productos. «Siempre se ha dicho que “detrás de cada hombre exitoso hay una gran mujer”. En lugar de buscar encuentros casuales, tiendo a buscar una compañera de vida, pero no ha sido fácil», comenta Laul.
La paradoja del nuevo éxito
Esta castidad motivada por la ambición no es lo único que distingue a estos fundadores de sus pares generacionales. Las mismas dinámicas impulsan:
Un creciente movimiento de sobriedad: evitar el alcohol para maximizar la productividad.
Una relación funcional con la comida: concebirla únicamente como combustible.
En definitiva, se trata de un pacto peculiar para los aspirantes a Rockefeller del siglo XXI. En su búsqueda metódica de riqueza y estatus, han renunciado a los placeres que antes definían la vida en la cima. Si este es el rostro de “la buena vida”, cabe preguntarse: ¿cuál es realmente su sentido?
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