• 28 Mayo 2026 - 1:00 AM

La Inteligencia Artificial inventa declaraciones y las atribuye a humanos


Por Frank Landymore .Publicado el 2026/05/26 22:54
La Inteligencia Artificial inventa declaraciones y las atribuye a humanos
Mayo. 26, 2026
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Un escritor ha quedado en el centro de una intensa polémica tras recurrir a la inteligencia artificial para redactar un libro que, paradójicamente, aborda precisamente el impacto de la IA. El escándalo estalló al descubrirse que varias declaraciones incluidas en la obra carecían de fundamento y no eran más que alucinaciones digitales.

Muchos de los debates sobre la inteligencia artificial suelen centrarse en el supuesto “pecado artístico” de entregarse al automatismo de la máquina y permitir que esta dirija el proceso creativo. Sin embargo, el dilema más grave reside en el fenómeno de las alucinaciones digitales, cuya peligrosidad quedó demostrada cuando la tecnología inventó testimonios completos y los atribuyó falsamente a personas que jamás los pronunciaron.

Una investigación reciente publicada por el diario The New York Times reveló que el libro El futuro de la verdad: Cómo la IA rediseña la realidad, del autor Steven Rosenbaum, contiene más de media docena de citas fabricadas o incorrectamente atribuidas.

La controversia comenzó cuando varias de las personalidades mencionadas en la obra declararon públicamente que nunca habían dicho las frases que el autor les adjudicaba. Posteriormente, se comprobó que dichas citas eran simples alucinaciones digitales (AI hallucinations). Ante la evidencia, Rosenbaum reconoció al periódico haber dependido de herramientas como OpenAI ChatGPT y Anthropic Claude durante las fases de investigación, redacción y edición del libro.

Un compañero fascinante que termina en traición

Tras la tormenta provocada por este escándalo —cargado además de una ironía evidente, dado que el libro examina precisamente el impacto de la IA sobre nuestra noción compartida de la verdad—, Rosenbaum aseguró haber aprendido la lección y afirmó que en el futuro será mucho más cauteloso y escéptico frente a los resultados generados por inteligencia artificial. No obstante, la sinceridad de esa reflexión quedó en duda cuando confirmó, al mismo tiempo, que jamás volverá a los métodos tradicionales de escritura alejados de la tecnología.

“La idea de dejar de usar la IA durante años hasta que se estabilice y volver a escribir en un programa como Microsoft Word simplemente no encaja con mi naturaleza”, declaró Rosenbaum en una entrevista con el portal Ars Technica tras el fiasco. Y añadió: “La IA es mágica porque conecta ideas, las entrelaza y te abre caminos para pensar en cosas que jamás se te ocurrirían por ti mismo”.

Durante la entrevista, Rosenbaum llegó incluso a personificar a sus asistentes digitales, describiéndolos como un “delicioso compañero de escritura”. Y continuó: “Cuando digo ‘compañero de escritura’ no lo digo a la ligera; es extrañamente creativo, astuto e inusual en todos los sentidos posibles… y luego te traiciona al final de una manera absolutamente horrible”.

Adicción tecnológica

Resulta difícil no percibir un cierto sesgo de dependencia tecnológica en las justificaciones de Rosenbaum. El autor recurrió a analogías llamativas para explicar su apego a la inteligencia artificial, comparando el equilibrio entre beneficios y riesgos con los dilemas de una persona adicta a las drogas o al alcohol. Aun así, sostuvo que nunca se había encontrado en una situación en la que considerara simultáneamente embriagadora y peligrosa la tecnología que utilizaba.

También comparó el uso de la IA con su decisión de montar en bicicleta en lugar de conducir una motocicleta. Sin embargo, cuando el entrevistador le respondió que la IA se asemeja más a una motocicleta —debido a que su enorme productividad implica también un elevado riesgo de errores catastróficos—, Rosenbaum terminó admitiendo que aquella observación tenía sentido.

La epidemia de las alucinaciones invade las editoriales

Rosenbaum no ha sido el único afectado por este tipo de errores. Este mismo año estallaron polémicas similares en torno a varios libros y relatos, después de que sus autores fueran acusados de utilizar inteligencia artificial, incluido un libro de terror que la editorial terminó retirando del mercado.

Las redacciones periodísticas tampoco han escapado al problema. Grandes medios como The New York Times y el propio Ars Technica cayeron en la trampa de publicar artículos que incluían, por error, citas que en realidad eran resúmenes o invenciones generadas por IA, en lugar de declaraciones textuales de las fuentes.

Aun así, el caso de Rosenbaum sigue siendo especialmente grave, no solo por la temática de su obra, sino porque el libro se presenta como un trabajo de no ficción respaldado por expertos del sector, sometido a múltiples rondas de edición y verificación de datos, y publicado además por una importante editorial. Pese a todo ello, el escritor parece no haber calibrado todavía la magnitud del desastre profesional que terminó envolviéndolo.

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