¿Podredumbre cinematográfica? La IA desata una tormenta en A24
Por Frank Landymore .Publicado el
2026/06/24 15:34
Julio. 24, 2026
A24 ha pasado años construyendo cuidadosamente su reputación como un estudio independiente y vanguardista, comprometido con el cine de autor y las obras de fuerte identidad artística. Esa apuesta le ha permitido ganarse una lealtad extraordinaria entre los cinéfilos, hasta el punto de que su marca suele eclipsar incluso los nombres de directores y actores. Para muchos espectadores, cada estreno es, ante todo, una película de A24.
Sin embargo, como suele ocurrir, a un nivel tan alto de fidelidad suele seguirle una decepción de igual magnitud. El pasado lunes, The Wall Street Journal informó que Google planea invertir 75 millones de dólares en A24 como parte de una alianza de investigación destinada a desarrollar herramientas de inteligencia artificial para la creación cinematográfica.
Indignación entre los aficionados
No tardó en llegar la reacción de los seguidores del estudio. Una cuenta resumió el sentimiento general en un mensaje que se volvió viral: «Adiós, A24». Otra expresó su frustración con una pregunta que resonó entre miles de usuarios: «¿Por qué nos siguen imponiendo la inteligencia artificial?».
Aunque la inversión no resulta especialmente elevada para los estándares de la industria tecnológica, la alianza posee un enorme peso simbólico. Se trata de una de las pocas colaboraciones de este tipo entre un estudio cinematográfico de prestigio y una empresa líder en inteligencia artificial.
Disney también había firmado una alianza histórica con OpenAI el año pasado. Sin embargo, aquella colaboración terminó abruptamente cuando la compañía suspendió el desarrollo público de su herramienta de generación de video Sora en marzo.
Según el informe de The Wall Street Journal, la colaboración con DeepMind, el laboratorio de inteligencia artificial de Google, permitirá desarrollar «nuevas herramientas para la producción y distribución de películas». El acuerdo, además, no otorgará a Google acceso a los datos ni al catálogo cinematográfico de A24.
¿Innovación artística o estrategia comercial?
Scott Belsky, socio de A24, reconoció la desconfianza y el rechazo que muchos cineastas sienten hacia las tecnologías de inteligencia artificial. A su juicio, el problema radica en que hasta ahora nadie ha encontrado una forma verdaderamente adecuada y artística de emplearlas.
«Creemos que existen usos mejores que preservan el control creativo y respaldan la audacia de asumir riesgos», declaró Belsky al periódico. También aseguró que las herramientas en desarrollo «no se parecerán en nada a los modelos de generación basados en texto que tanto incomodan a la gente».
Sin embargo, la realidad parece más compleja. El equipo de Belsky, integrado por unas veinte personas bajo el nombre de A24 Labs, ya trabaja en una herramienta de inteligencia artificial capaz de generar guiones gráficos (storyboards).
Como si esto no fuera suficiente para alimentar la inquietud de los aficionados, el célebre director Martin Scorsese respaldó recientemente a una empresa emergente especializada en herramientas de IA para la creación de storyboards.
Kane Parsons se suma a las críticas
Tras conocerse la noticia del acuerdo, muchos seguidores del estudio recordaron las contundentes declaraciones de Kane Parsons sobre la inteligencia artificial aplicada al arte.
Con apenas 20 años, Parsons dirigió Backrooms, la película que registró el mejor estreno en la historia de A24 y que terminó convirtiéndose en el mayor éxito comercial del estudio. Para muchos espectadores, además, la cinta funciona como una alegoría sobre los riesgos asociados al desarrollo de la inteligencia artificial.
«Si pudiera chasquear los dedos y hacer desaparecer la IA generativa para siempre, probablemente lo haría», afirmó Parsons en una entrevista anterior. «Desde el punto de vista creativo, no encuentro ningún placer en utilizar esas herramientas; para mí, anulan por completo el propósito de la creación».
Y concluyó con una crítica aún más contundente:
«La IA generativa no me parece una innovación. Más bien, la considero el síntoma de una podredumbre cultural y económica mucho más profunda».
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