La inteligencia artificial obstaculiza la adquisición de habilidades
Por Frank Landimore .Publicado el
2026/08/12 16:00
Agosto. 12, 2026
Ya no es ningún secreto que médicos de todo el mundo recurren a tecnologías de inteligencia artificial para realizar diversas tareas, desde la toma de notas hasta la investigación clínica. Sin embargo, la creciente penetración de estas tecnologías entre los médicos en formación está despertando una profunda preocupación entre los especialistas.
Simar Bajaj, periodista y estudiante de Medicina en la Universidad de Stanford, y el doctor Joseph Sakran, cirujano especializado en traumatología y vicepresidente del Departamento de Cirugía de la Universidad Johns Hopkins, advierten de que el peligro de la inteligencia artificial para los estudiantes no se limita a la «pérdida de habilidades adquiridas», sino que entraña un riesgo aún más grave: que determinadas habilidades ni siquiera lleguen a adquirirse.
Los dos autores lo resumen así: «Un médico que ha olvidado cómo razonar puede recuperarlo; pero quien nunca lo aprendió quizá no pueda hacerlo».
Indicadores preocupantes y resultados alarmantes
Bajaj y Sakran basan sus advertencias en dos datos especialmente relevantes:
El dominio de los chatbots clínicos: datos internos muestran que aproximadamente dos tercios de los médicos de Estados Unidos utilizan regularmente OpenEvidence, un chatbot diseñado exclusivamente para el sector médico y profundamente integrado en la práctica profesional cotidiana.
Limitaciones del rendimiento tecnológico: un estudio reciente publicado en la revista Nature Medicine reveló que los grandes modelos de lenguaje diseñados para aplicaciones médicas obtuvieron peores resultados al responder consultas clínicas que chatbots de uso general como ChatGPT y Claude. Su rendimiento se situó aproximadamente al nivel de Google AI Overviews, la herramienta de inteligencia artificial de Google cuya precisión ha sido objeto de críticas por su variabilidad.
El núcleo de la crisis: «El esfuerzo es la base del aprendizaje»
Incluso si se acepta, a modo de hipótesis, la utilidad de estas herramientas para la investigación científica, su utilización puede eliminar un elemento humano fundamental. La dificultad y el esfuerzo mental durante el aprendizaje constituyen la base sobre la que se construye la competencia.
En el pasado, por ejemplo, los médicos en formación tenían que elaborar por sí mismos una lista de posibles diagnósticos. Cometían errores y posteriormente los descubrían, un proceso que contribuía a profundizar sus conocimientos y fortalecer sus capacidades.
Hoy, en cambio, basta con formular una pregunta a un chatbot para obtener una respuesta preparada y casi perfecta, sin necesidad de realizar un esfuerzo intelectual significativo ni experimentar el proceso de detectar y corregir los propios errores.
La diferencia fundamental entre la inteligencia artificial y las tecnologías médicas anteriores es que la IA no se limita a ampliar las capacidades de percepción o acceso a la información. Penetra en la propia estructura cognitiva que la formación médica debería desarrollar.
Las investigaciones sobre el llamado «descarga cognitiva» (cognitive offloading) han demostrado que una dependencia excesiva de estas herramientas puede debilitar el pensamiento crítico y reducir el nivel de actividad cerebral durante la realización de tareas complejas.
Soluciones propuestas y preocupaciones sociales
Para abordar este dilema, médicos de prestigiosas facultades de Medicina han propuesto marcos regulatorios estrictos. Entre ellos figuran:
Prohibición temporal de la IA: obligar a los médicos en formación a resolver determinados casos clínicos recurriendo exclusivamente a su propio razonamiento y sin ningún tipo de asistencia digital. La propuesta se inspira en las directrices de la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA), que recomiendan a los pilotos desconectar periódicamente el piloto automático y volar manualmente.
El efecto disuasorio social: un estudio realizado en la Universidad Johns Hopkins también ha señalado la aparición de una actitud creciente de escepticismo y menosprecio entre los médicos hacia aquellos colegas que recurren de forma excesiva a herramientas de inteligencia artificial en su actividad profesional.
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