Agentes de IA asisten a clases y realizan exámenes en nombre de los estudiantes
Por Frank Landimor .Publicado el
2026/08/14 12:07
Agosto. 14, 2026
Con la rápida expansión de los agentes de inteligencia artificial, los estudiantes ya no se limitan a utilizar los chatbots convencionales para buscar respuestas. Algunos recurren ahora a estos sofisticados programas incluso para completar cursos universitarios enteros en su lugar. Los sistemas trabajan en segundo plano mientras los estudiantes se dedican a otras actividades, como pasar horas desplazándose por el teléfono móvil o jugando a videojuegos.
The New York Times ha analizado este fenómeno, que crece con rapidez, en un reciente reportaje y lo ha considerado una prueba evidente de la magnitud del fraude académico asistido por inteligencia artificial. Al mismo tiempo, el periódico advierte de los graves riesgos que plantea la enseñanza virtual frente a la educación presencial.
Según el informe, a los profesores les resulta difícil realizar en las aulas digitales exámenes supervisados y presentaciones orales con la misma eficacia y facilidad que en la enseñanza presencial tradicional.
Los agentes de IA se hacen cargo de la vida académica
Como todo el proceso se desarrolla detrás de una pantalla, los estudiantes pueden encargar a un agente de IA que acceda a plataformas de gestión del aprendizaje como Canvas o Blackboard, resuelva pruebas, vea grabaciones de clases y redacte trabajos académicos.
Los sistemas pueden incluso asumir por completo la identidad de un estudiante y participar en foros de discusión en los que se exige interactuar con compañeros y profesores sobre las lecturas asignadas.
Resistencia de las grandes tecnológicas
Mientras tanto, las empresas de inteligencia artificial hacen, según sus críticos, muy poco para contener esta evolución. La investigación periodística reveló que tres de las aplicaciones más utilizadas por los estudiantes —ChatGPT, Gemini y Grammarly— no cuentan con restricciones integrales que impidan la elaboración de trabajos completos para los alumnos.
Tampoco se ha abordado de manera suficiente el hecho de que los modelos de IA puedan iniciar sesión en plataformas educativas y realizar tareas en nombre de los estudiantes. Al mismo tiempo, las demandas de académicos que reclaman que los sistemas de IA revelen su identidad cuando son utilizados en plataformas educativas han tenido hasta ahora una respuesta limitada.
Las empresas justifican su posición, entre otras razones, por motivos de privacidad y seguridad. Perplexity, desarrollador de un navegador basado en inteligencia artificial, declaró al periódico que obligar a los agentes de IA a revelar su identidad en las plataformas educativas podría poner en peligro la privacidad y la seguridad de los estudiantes.
Los profesores se sienten impotentes
Los docentes se sienten cada vez más impotentes ante esta evolución. Al mismo tiempo, las universidades establecen asociaciones y acuerdos financieros con grandes empresas tecnológicas para proporcionar a los estudiantes versiones adaptadas de sus modelos de inteligencia artificial.
El resultado son mensajes contradictorios: por un lado, se fomenta el uso de la inteligencia artificial; por otro, ese mismo uso puede ser considerado una forma de fraude cuando se emplea en exámenes o trabajos académicos.
Mientras algunos profesores toleran discretamente el uso de la IA, otros imponen sanciones severas. En muchos casos, la decisión sobre cómo afrontar la tecnología queda así en manos de cada docente, ante la ausencia de un marco institucional uniforme.
«¿Estoy interactuando realmente con robots?», se pregunta Karen Costa, quien lleva dos décadas impartiendo cursos en línea.
Carol Sewell, del sistema de la University of California, que el año pasado cerró un contrato con OpenAI por valor de millones de dólares, describe un dilema similar. Según explica, no recibe directrices claras sobre cómo limitar el uso de estos sistemas; en cambio, se le ofrecen principalmente recursos para aprender a utilizarlos cada vez mejor.
Las universidades, entre la prohibición y las nuevas soluciones
A pesar de las consecuencias negativas evidentes de estas prácticas —entre ellas, la posible pérdida de las capacidades de pensamiento crítico y el debilitamiento de la memoria—, muchas universidades siguen dudando a la hora de prohibir por completo el uso de la inteligencia artificial.
Algunas instituciones buscan, por ello, vías alternativas e innovadoras para frenar la expansión de estos abusos. La Facultad de Derecho de la University of Chicago, por ejemplo, prohibió recientemente a los estudiantes de primer año utilizar teléfonos inteligentes, tabletas y ordenadores portátiles en las aulas, como parte de su nueva estrategia para abordar el uso de la inteligencia artificial.
La Princeton University también adoptó una medida de gran alcance. La institución abandonó su práctica, vigente desde hacía más de un siglo, de permitir que los estudiantes realizaran exámenes sin supervisión basándose en el código de honor.
La decisión se produjo después de un grave escándalo de fraude relacionado con la inteligencia artificial, que puso en cuestión el tradicional sistema de evaluación de esta prestigiosa universidad.
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