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Su próximo jefe podría ser una IA: así fracasó Gemini de Google al dirigir una cafetería en Suecia


Por Frank Landymore .Publicado el 2026/07/10 12:39
Su próximo jefe podría ser una IA: así fracasó Gemini de Google al dirigir una cafetería en Suecia
Junio. 10, 2026
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La idea de que la inteligencia artificial acabará sustituyendo sobre todo a los trabajadores con empleos menos cualificados está muy extendida. Sin embargo, un experimento llevado a cabo recientemente en Suecia pone en cuestión esa teoría. El ensayo demostró que la mala gestión no es un problema exclusivamente humano. Una cafetería quedó completamente bajo el control de un agente de inteligencia artificial y, en pocas semanas, el negocio terminó al borde de la quiebra. El caso reabre el debate sobre hasta qué punto la IA está preparada para asumir la dirección de una empresa.

Plenos poderes para una gerente virtual


En un experimento desarrollado por la empresa especializada en seguridad de inteligencia artificial Andon Labs, un agente llamado Mona, basado en el modelo Gemini de Google, asumió la dirección completa de una cafetería situada en Estocolmo.

La IA recibió un presupuesto inicial de 21.000 dólares y plena autonomía para tomar todas las decisiones del negocio: gestionar al personal, realizar pedidos, controlar el inventario y tramitar permisos administrativos. Los empleados humanos pasaron a limitarse a ejecutar las instrucciones que recibían de su jefa virtual a través de Slack.

Una factura demasiado elevada

Los resultados estuvieron muy lejos de las expectativas. Desde que comenzó el experimento, a mediados de abril, la cafetería apenas ingresó 5.700 dólares. Mientras tanto, Mona consumió más de 16.000 dólares del presupuesto disponible, según informó la agencia Associated Press.

Gran parte de esas pérdidas se debieron a decisiones tan llamativas como innecesarias: miles de guantes de goma, enormes cantidades de servilletas y otros suministros muy por encima de las necesidades reales del establecimiento. A pesar de ello, Andon Labs considera que esos gastos forman parte de los costes habituales de puesta en marcha y sostiene que el proyecto sigue siendo útil para analizar los límites prácticos y éticos de la gestión empresarial mediante inteligencia artificial.

Un comienzo prometedor y un rápido desplome

Las instrucciones que recibió Mona eran sencillas: hacer rentable la cafetería, mantener una buena relación con el personal y aprender por sí misma el funcionamiento del negocio.

Durante los primeros días, la IA respondió con eficacia. Contrató los servicios de electricidad e internet, publicó ofertas de empleo en LinkedIn, obtuvo los permisos para instalar una terraza y abrió cuentas con proveedores mayoristas de productos de panadería.

Los problemas comenzaron cuando tuvo que gestionar la actividad diaria. Mona fue incapaz de prever correctamente la demanda de los clientes. Algunos días compraba cantidades desproporcionadas de pan y otros olvidaba hacer los pedidos, lo que obligó a retirar varios sándwiches de la carta por falta de existencias.

Cuando la inteligencia artificial pierde el hilo

Los errores fueron mucho más allá. La IA llegó a pedir 3.000 guantes de goma, 6.000 servilletas, cuatro botiquines de primeros auxilios y grandes cantidades de tomates en conserva que ni siquiera formaban parte del menú.

Según los especialistas de Andon Labs, este comportamiento se explica por las limitaciones de la ventana de contexto del sistema. A medida que incorpora nueva información, la IA deja de tener presentes algunos datos anteriores. En consecuencia, Mona olvidaba las compras que había realizado pocos días antes y repetía pedidos innecesarios una y otra vez.

¿Quién debería preocuparse por su empleo?

Paradójicamente, los trabajadores de la cafetería no creen que la experiencia suponga una amenaza inmediata para ellos. El barista Kajetan Grzelczak considera que la atención al público sigue siendo una tarea difícil de reemplazar, ya que una inteligencia artificial no puede preparar café ni atender directamente a los clientes.

Quienes sí podrían verse afectados en el futuro son los mandos intermedios, cuyas funciones de organización y coordinación resultan mucho más fáciles de automatizar.

No era el primer tropiezo

No es la primera vez que Andon Labs pone a prueba una inteligencia artificial en un entorno comercial. El año anterior, la empresa permitió que una máquina expendedora instalada en la sede de Anthropic decidiera por sí sola qué productos vender y cómo gestionar sus ingresos.

El resultado fue incluso más llamativo. La IA llegó a insultar a algunos empleados, se negó a realizar devoluciones de dinero y gastó buena parte de su presupuesto en objetos tan inútiles como pesados cubos de tungsteno.

La experiencia de la cafetería sueca demuestra que los actuales sistemas de inteligencia artificial pueden desenvolverse con soltura en determinadas tareas administrativas, pero siguen mostrando importantes carencias cuando deben enfrentarse a la complejidad del funcionamiento cotidiano de una empresa. Al menos por ahora, la figura del director humano continúa siendo difícil de sustituir.

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