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Tras las huellas de Guernica: el mural de Abdelrazak Okasha documentó la resiliencia de Gaza en la Ópera de El Cairo


Por Alamir Kamal Farag .Publicado el 2026/05/06 04:47
Tras las huellas de Guernica: el mural de Abdelrazak Okasha documentó la resiliencia de Gaza en la Ópera de El Cairo
Mayo. 06, 2026
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Artes plásticas. En el marco de la iniciativa cultural y humanitaria «Palestina en el corazón», la sala Al-Hanager de la Ópera de El Cairo acogió el 16 de abril de 2026 una importante exposición del artista plástico Abdelrazak Okasha titulada «Gaza». El evento se concibió como un alegato artístico y humanista frente a la tragedia vivida por el pueblo palestino, especialmente en la Franja de Gaza, marcada por años de asedio y una ofensiva devastadora con consecuencias humanitarias sin precedentes.

«Crónicas de Gaza»: un mural monumental de 30 metros


En el centro de la exposición se erigía una obra de gran escala: «Crónicas de Gaza». Este mural de treinta metros de longitud desplegaba una poderosa visión plástica del último conflicto, capturando las profundas huellas dejadas en el alma humana. La obra representaba escenas de la vida cotidiana en las que, pese al estruendo de los bombardeos, la educación persistía y la creación artística sobrevivía, desafiando una realidad marcada por la guerra y el aislamiento.

El artista se inscribía en la tradición de los grandes maestros de la historia del arte. Desde el ímpetu de Eugène Delacroix hasta el realismo de Gustave Courbet, pasando por la rigurosidad de Cézanne, Okasha encontraba su inspiración incluso en la obra maestra de Picasso, Guernica, símbolo universal de la resistencia frente a la barbarie y la violencia indiscriminada.

Un testimonio histórico por el sueño de libertad

La exposición, inaugurada el 16 de abril de 2026, presentó esta pieza central junto a una serie de obras dedicadas a Gaza. A través de este conjunto, Okasha buscó cristalizar un momento histórico, reafirmando el derecho inalienable de los palestinos a la vida, la libertad y la paz. Para el artista, cada piedra de Palestina —y, en particular, de Gaza— constituía un testimonio de una resiliencia inquebrantable. Su trabajo aspiraba a documentar esa tenacidad, al tiempo que ponía de relieve la dimensión profundamente humana de la causa.

Una visión artística más allá de las ideologías

El proyecto de Okasha trascendía las divisiones ideológicas y confesionales para abrazar una perspectiva universal. El artista interpretaba la tragedia de Gaza como una experiencia humana vivida por un pueblo cuya aspiración fundamental era la dignidad. Rechazaba los discursos mediáticos que reducían los levantamientos palestinos a un conflicto meramente religioso, y situaba el núcleo del problema en la lucha contra la injusticia, la opresión y el hambre, cuestiones vinculadas a los derechos fundamentales de todo ser humano.

Okasha: una trayectoria internacional al servicio de la justicia

El compromiso del artista se apoyaba en una amplia trayectoria internacional, tras haber expuesto y enseñado en más de cincuenta países. A lo largo de su carrera como jurado y conferenciante, se mantuvo fiel a causas esenciales como el derecho a la educación, la cultura y la justicia social.

Okasha también relató que, durante sus años en el extranjero, había enfrentado diversas formas de presión y discriminación. Estas experiencias reforzaron su convicción de que la defensa de la dignidad humana constituía una responsabilidad moral ineludible. Esta postura le costó, en ocasiones, posiciones destacadas en instituciones vinculadas a la UNESCO o en el prestigioso Salon d’Automne, aunque críticos e historiadores del arte han subrayado la relevancia de su obra, caracterizada por un marcado espíritu transformador.

Un compromiso histórico con Palestina

La relación entre Okasha y la causa palestina se remontaba a décadas atrás. En 1996 expuso en el Museo Taha Hussein, en Giza, así como en el Parc Montsouris de París. En 1997, presentó su dimisión de una asociación cultural afiliada a la UNESCO en Marruecos, en protesta por la represión de la Intifada.

Para Abdelrazak Okasha, el arte no era una mera búsqueda estética ni un simple entretenimiento, sino una poderosa herramienta humanista capaz de moldear la conciencia colectiva y de dar voz a las grandes causas de la sociedad

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