El parásito de los gatos: la infección silenciosa que preocupa a los científicos
Por Joe Wilkins .Publicado el
2026/06/29 18:56
Julio. 29, 2026
Un estudio internacional pide que la toxoplasmosis sea reconocida como una enfermedad tropical desatendida para impulsar la investigación y reducir su impacto sobre la salud y la pobreza.
Uno de los parásitos humanos más extendidos del mundo no se transmite únicamente por la picadura de insectos o por aguas contaminadas. Su ciclo biológico depende de un animal presente en millones de hogares: el gato doméstico. Sin embargo, los seres humanos también pueden infectarse al consumir carne cruda o poco cocinada, beber agua contaminada o, en los casos más delicados, durante el embarazo de una madre infectada a su hijo.
Se trata de Toxoplasma gondii, un protozoario capaz de permanecer latente durante años en el organismo. Aunque la mayoría de las personas infectadas nunca desarrolla síntomas gracias a un sistema inmunitario sano, en determinados pacientes —especialmente personas inmunodeprimidas y fetos infectados durante el embarazo— puede provocar complicaciones graves que afectan a los ojos, el cerebro y el sistema nervioso. Además, aunque existen medicamentos eficaces para controlar la infección activa, actualmente no hay ningún tratamiento capaz de eliminar por completo los quistes que el parásito forma en los tejidos.
Una infección silenciosa que puede afectar a los ojos y al cerebro
Según un estudio publicado recientemente en la revista científica PLOS Neglected Tropical Diseases y destacado por el portal especializado Gizmodo, la toxoplasmosis constituye la causa más frecuente de uveítis infecciosa —una inflamación del interior del ojo— en todo el mundo.
En el trabajo, un equipo internacional de investigadores sostiene que la enfermedad reúne todos los criterios para ser reconocida oficialmente como una enfermedad tropical desatendida. Esta clasificación permitiría movilizar mayores recursos financieros destinados a la investigación, el desarrollo de nuevos tratamientos y el diseño de políticas sanitarias para reducir el impacto global de la enfermedad.
Un tercio de la humanidad convive con el parásito
Las cifras son impresionantes. Diversas estimaciones indican que aproximadamente un tercio de la población mundial —cerca de dos mil millones de personas— ha estado expuesta a Toxoplasma gondii, incluyendo alrededor de 60 millones de personas en Estados Unidos.
En la inmensa mayoría de los casos, el sistema inmunitario mantiene al parásito bajo control y la infección permanece latente durante toda la vida. Sin embargo, cuando las defensas del organismo están debilitadas o la infección se adquiere durante la gestación, pueden aparecer lesiones graves en la retina, el cerebro y el sistema nervioso central.
¿Puede alterar el comportamiento?
Uno de los aspectos que más interés ha despertado entre los científicos es la posible influencia del parásito sobre el funcionamiento cerebral.
Diversos estudios han encontrado asociaciones entre la toxoplasmosis crónica y determinados cambios en el comportamiento observados en roedores, lobos e incluso seres humanos. Asimismo, algunas investigaciones sugieren que la infección podría estar relacionada con un mayor riesgo de desarrollar trastornos neuropsiquiátricos, entre ellos la esquizofrenia, aunque esta relación continúa siendo objeto de investigación y todavía no se ha demostrado una relación causal directa.
La dopamina bajo la lupa
Un análisis científico publicado en 2020 señaló que la presencia del parásito podría alterar la forma en que el cerebro regula la dopamina, un neurotransmisor fundamental para los procesos de motivación, recompensa, movimiento y diversas funciones cognitivas. Los investigadores consideran que estas alteraciones podrían contribuir a explicar algunos de los cambios conductuales observados en determinados estudios, aunque insisten en que aún se necesitan más investigaciones para confirmar estos mecanismos.
Sin vacuna y con tratamientos limitados
La doctora Justine Smith, oftalmóloga de la Universidad de Flinders y coautora del estudio, explicó a Gizmodo:
"No existe ninguna vacuna disponible comercialmente contra la toxoplasmosis. Los medicamentos que administramos pueden reducir los brotes o la reactivación de la enfermedad, pero actualmente no existe un tratamiento que elimine completamente el parásito del organismo."
Un círculo de vulnerabilidad y pobreza
Los autores consideran que reconocer oficialmente la toxoplasmosis como una enfermedad tropical desatendida sería un paso decisivo, especialmente para los países de ingresos bajos y medios.
Las comunidades más pobres suelen estar más expuestas a la infección debido a las deficientes condiciones sanitarias, el acceso limitado al agua potable y las dificultades para garantizar una adecuada seguridad alimentaria.
Cuando la infección se transmite de la madre al feto, las consecuencias pueden prolongarse durante toda la vida.
Secuelas permanentes
Los niños que sobreviven a la toxoplasmosis congénita pueden presentar discapacidad visual, alteraciones neurológicas y dificultades de aprendizaje que afectan su rendimiento escolar, reducen sus oportunidades laborales futuras y limitan su participación económica.
La trampa de la pobreza
Estas secuelas generan un ciclo intergeneracional de vulnerabilidad. Las familias deben afrontar durante años gastos médicos, cuidados especializados y pérdida de ingresos, factores que dificultan salir de la pobreza y perpetúan las desigualdades sociales.
Para los investigadores, reconocer oficialmente la toxoplasmosis como una enfermedad tropical desatendida permitiría acelerar el desarrollo de nuevos tratamientos, mejorar los programas de prevención y reducir el enorme impacto sanitario y económico que este parásito continúa ejerciendo sobre millones de personas en todo el mundo.
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