Aroma de eternidad: notas amaderadas, especiadas y dulces
Por Brian Melley .Publicado el
2026/05/02 23:12
Mayo. 02, 2026
Un panel de expertos en olfacción humana ha evaluado las emanaciones aromáticas de nueve momias con 5.000 años de antigüedad, custodiadas en el Museo Egipcio de El Cairo.
Aunque inhalar los restos de un cuerpo milenario podría parecer, a priori, una experiencia repulsiva, los investigadores que cedieron a su curiosidad en nombre de la ciencia descubrieron que las momias egipcias bien conservadas emanan, de hecho, una fragancia placentera.
"En el cine y la literatura, suelen ocurrir desgracias terribles a quienes osan oler los restos momificados. A nosotros, sin embargo, nos sorprendió la belleza de su aroma", afirma Cecilia Bembibre, directora de investigación en el Instituto de Patrimonio Sostenible del University College de Londres (UCL).
Las descripciones, que evocaron más una cata de vinos que un análisis forense, destacaron matices amaderados, especiados y dulces. Asimismo, se detectaron notas florales, posiblemente derivadas de las resinas de pino y enebro empleadas durante el proceso de embalsamamiento.
El estudio, publicado este jueves en la revista de la Sociedad Química Estadounidense (ACS), empleó tanto análisis químicos de vanguardia como un comité sensorial humano para evaluar los olores de nueve momias que se encuentran almacenadas o en exhibición en el museo cairota.
Bembibre, coautora del informe, explicó que el objetivo era estudiar el olor de las momias de forma sistemática, dado que siempre han sido objeto de fascinación tanto para el público general como para la academia. Arqueólogos, historiadores, restauradores e incluso novelistas han dedicado innumerables páginas a este enigma olfativo, y con razón.
El aroma era una consideración primordial en el ritual del embalsamamiento, donde se utilizaban aceites, ceras y bálsamos para preservar el cuerpo y el alma de cara al más allá. Esta práctica, reservada mayoritariamente a faraones y nobles, asociaba las fragancias agradables con la pureza y la divinidad, mientras que los olores fétidos se consideraban signos de corrupción y decadencia.
Sin necesidad de tomar muestras físicas de los restos, investigadores de la Universidad de Londres y la Universidad de Liubliana (Eslovenia) lograron determinar si los olores provenían de los elementos arqueológicos, de pesticidas y productos de conservación, o de procesos de degradación provocados por moho, bacterias o microorganismos.
"Temíamos encontrar notas o vestigios de cuerpos en descomposición, pero no fue así", señaló Matija Strlič, profesor de química en la Universidad de Liubliana. "Nos preocupaba especialmente hallar indicios de degradación microbiana, pero la ausencia de estos sugiere que el entorno de conservación en este museo es óptimo".
Strlič destacó que el uso de herramientas técnicas para medir y cuantificar las moléculas de aire emitidas por los sarcófagos —sin llegar a tocarlos— representa una suerte de Santo Grial para la disciplina. "Esta técnica nos informa sobre el estatus social al que pertenecía la momia y revela datos cruciales que interesan no solo a los curadores, sino también a arqueólogos y conservadores", añadió, sugiriendo que este enfoque podría aplicarse a otras colecciones museísticas.
Por su parte, Barbara Huber, investigadora posdoctoral en el Instituto Max Planck de Geoantropología en Alemania, quien no participó en el estudio, explicó que los resultados aportan datos críticos sobre los compuestos que pueden preservar o degradar los restos. Esta información es vital para proteger mejor estos cuerpos antiguos para las generaciones venideras.
"No obstante, la investigación también resalta un desafío fundamental: los aromas detectados hoy no son necesariamente los mismos que existieron en el momento del embalsamamiento", advirtió Huber. "A lo largo de milenios, la evaporación, la oxidación e incluso las condiciones de almacenamiento han alterado significativamente la cualidad olfativa original".
Cabe recordar que, hace dos años, Huber lideró un estudio que analizó los residuos de una vasija que contenía los órganos momificados de una mujer noble para identificar los ingredientes del embalsamamiento y sus orígenes geográficos. Posteriormente, colaboró con un perfumista para recrear una interpretación de dicha fragancia, bautizada como "aroma de eternidad", para una exposición en el Museo Moesgaard en Dinamarca.
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