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Ni morenos ni rubios: el código genético revela el color de piel de los faraones


Por Philip Perry .Publicado el 2026/05/17 11:14
Ni morenos ni rubios: el código genético revela el color de piel de los faraones
Mayo. 17, 2026
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El origen étnico y los rasgos físicos de los antiguos egipcios han sido, durante décadas, uno de los debates más polémicos entre egiptólogos, historiadores e investigadores. Desde los años setenta, algunos autores sostuvieron que los faraones pertenecían a poblaciones africanas subsaharianas, mientras que corrientes extremistas de corte eurocentrista llegaron incluso a utilizar datos de grupos sanguíneos para defender un supuesto origen nórdico del rey Tutankamón y de sus antepasados.

Sin embargo, un hallazgo científico decisivo ha reabierto el debate mundial sobre la identidad del antiguo Egipto. El ADN extraído de momias faraónicas ofrece una respuesta genética que desmonta simultáneamente las teorías afrocentristas y eurocentristas, situando a los antiguos egipcios dentro de su contexto geográfico natural: el Cercano Oriente y la cuenca oriental del Mediterráneo.

En un informe publicado por el sitio web Big Think, el periodista Philip Perry explicó que un equipo científico internacional logró romper una de las mayores barreras de la arqueogenética: extraer material genético utilizable de momias egipcias antiguas. El resultado fue la primera secuenciación exitosa de ADN faraónico, un avance que muchos especialistas consideran un punto de inflexión en el estudio científico de los antiguos egipcios.

Los faraones y sus vínculos con el Cercano Oriente 

El estudio pionero, publicado en la revista científica Nature Communications, concluyó que los antiguos egipcios estaban genéticamente más próximos a las poblaciones del Cercano Oriente, especialmente a los pueblos del Levante —actuales Siria, Líbano, Jordania y Palestina—, además de regiones de Anatolia y Mesopotamia.

Las pruebas se realizaron sobre momias pertenecientes al Imperio Nuevo y períodos posteriores, incluidos los siglos en que Egipto estuvo bajo dominio romano. Las comparaciones genéticas permitieron reconstruir parte de la evolución demográfica de las poblaciones asentadas a lo largo del Nilo.

Entre los resultados más destacados:

El componente genético procedente del África subsahariana era significativamente menor en los antiguos egipcios que en la población egipcia moderna.
Los investigadores estiman que el incremento de genes provenientes del África central y subsahariana se produjo principalmente durante los últimos 1 500 años.
El estudio vincula esta mezcla genética posterior al comercio transahariano de esclavos, al aumento de las rutas comerciales africanas y al desarrollo de la navegación sobre el río Nilo.

Una estabilidad genética que resistió las conquistas 

A lo largo de su historia, Egipto fue conquistado por numerosos imperios y potencias extranjeras: persas, griegos, romanos, árabes y otomanos, entre otros. Por ello, una de las principales preguntas científicas era si estas sucesivas invasiones alteraron significativamente la composición genética de la población.

Wolfgang Haak, líder del grupo de investigación del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, declaró en un comunicado:

“La población de Abusir el-Meleq mostró una notable continuidad genética durante los 1 300 años analizados, lo que sugiere que permaneció relativamente poco afectada por las conquistas y dominaciones extranjeras.”

Este hallazgo contradice la idea de que cada ola de invasores transformó radicalmente la composición biológica de los habitantes del valle del Nilo.

Un triunfo científico en condiciones extremas 

La investigación fue dirigida por Johannes Krause, también investigador del Instituto Max Planck. Durante décadas, los especialistas consideraron casi imposible recuperar ADN intacto de momias egipcias debido al clima cálido, la humedad en algunas tumbas y las sustancias químicas empleadas en el proceso de momificación, factores que aceleran la degradación genética.

Sin embargo, el equipo introdujo nuevas técnicas de secuenciación de ADN de alta precisión y rigurosos protocolos de descontaminación, logrando obtener resultados fiables a partir de momias halladas en el yacimiento arqueológico de Abusir el-Meleq, situado a unos 115 kilómetros al sur de El Cairo.

Los científicos realizaron varios procedimientos clave:

Extracción de genomas mitocondriales de 90 momias.
Secuenciación completa de tres genomas con alta precisión utilizando dientes, huesos y tejidos blandos.
Esterilización total de las muestras en laboratorios especializados en Alemania mediante radiación ultravioleta antes del análisis genético.

Los investigadores descubrieron además que los dientes y los huesos preservaban mejor el ADN gracias a la protección proporcionada por los tejidos utilizados durante el embalsamamiento.

Continuidad genética y preguntas abiertas 

Para contextualizar los resultados, los científicos compararon el ADN de las momias con el de cien egipcios modernos y 125 etíopes.

Johannes Krause resumió el hallazgo con una frase contundente:

“Durante 1 300 años observamos una continuidad genética extraordinaria.”

La cronología del estudio abarca desde el Imperio Nuevo —cuando Egipto se encontraba en el apogeo de su poder— hasta el año 426 d. C., en plena dominación romana.

A pesar del enorme avance científico, los investigadores reconocen varias limitaciones importantes. Todas las muestras procedían de un único sitio arqueológico en el Medio Egipto, por lo que los resultados podrían no representar a toda la población del antiguo Egipto.

Los científicos sugieren que en el Alto Egipto, más próximo al interior africano, podrían haber existido características genéticas diferentes y una mayor influencia subsahariana.

En el futuro, los investigadores esperan determinar con mayor precisión cuándo comenzó la mezcla genética procedente del África subsahariana y cuáles fueron sus causas históricas exactas. También buscan muestras más antiguas que permitan retroceder aún más en el tiempo, hasta la prehistoria, para reconstruir con mayor claridad los orígenes biológicos de una de las civilizaciones más influyentes de la humanidad.

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