Hace 4.000 años, antes de Gucci… el antiguo egipcio que llevó la primera mochila de la historia
Por Marco Mizzau .Publicado el
2026/05/20 13:30
Mayo. 20, 2026
En plena época de la Sexta Dinastía del Antiguo Egipto, cuando las pirámides aún brillaban bajo el sol del Nilo con su revestimiento de piedra caliza blanca, y el gran río representaba el corazón mismo de una de las civilizaciones más grandiosas de la humanidad, surgió la figura de “Niankhpepikem”, uno de los hombres más influyentes del reinado del faraón Pepi I Meryra (2289–2255 a.C.).
No era un funcionario cualquiera. Ostentaba títulos de enorme prestigio como “Supervisor del Alto Egipto”, “Canciller del Rey del Bajo Egipto” y “Supervisor de los Sacerdotes”, combinando poder administrativo y autoridad religiosa dentro de un Estado basado en el orden sagrado y la majestuosidad real.
Sin embargo, lo que devolvió su nombre al centro de atención más de cuatro mil años después no fueron sus cargos, sino la manera en que fue inmortalizado en una estatua antigua. En esta escultura de piedra —exhibida actualmente en el Museo Egipcio de la plaza Tahrir, en El Cairo— aparece portando algo sorprendentemente parecido a una mochila moderna. Una pieza que no desentonaría en una pasarela de moda de lujo ni en una boutique exclusiva de Milán.
A primera vista podría parecer una simple coincidencia visual, pero la escena abre la puerta a reflexionar sobre el extraordinario nivel de sofisticación estética y funcional alcanzado por el Antiguo Egipto, así como sobre la manera en que sus ideas siguen inspirando al mundo contemporáneo.
La cuna de la innovación humana
Con frecuencia se describe a Egipto como “la cuna de la civilización”, aunque esa expresión apenas logra resumir su verdadera dimensión histórica. Egipto no solo llegó primero: definió el ritmo de la civilización, construyó sus fundamentos y estableció muchos de los conceptos que todavía influyen en la humanidad.
Los jeroglíficos no eran simplemente escritura, sino uno de los sistemas visuales de comunicación más avanzados del mundo antiguo.
Las pirámides no fueron únicamente tumbas reales; también representaron observatorios astronómicos, enigmas matemáticos y prodigios arquitectónicos cuyos métodos de construcción continúan desconcertando a ingenieros modernos.
La planificación urbana, los sistemas de irrigación, los calendarios, la medicina, los cosméticos y los instrumentos quirúrgicos experimentaron avances revolucionarios en Egipto miles de años antes de aparecer en otras regiones del planeta.
Y aquella mochila es, quizá, otra prueba más de hasta qué punto los antiguos egipcios se adelantaron a su tiempo.
Más allá del simbolismo: un legado de ingeniería y conocimiento
La grandeza de Egipto no quedó únicamente grabada en piedra ni escondida en rituales religiosos; fue una civilización construida sobre el conocimiento y la ingeniería.
Detrás de cada columna, tumba y alineación sagrada existía un vasto universo de saber científico. Desde cálculos astronómicos de enorme precisión hasta técnicas avanzadas en materiales, el Antiguo Egipto funcionó como una especie de “Silicon Valley” de la antigüedad: con templos en lugar de startups y faraones en vez de inversionistas.
Hoy admiramos aquel pasado, pero a menudo olvidamos que muchas herramientas y conceptos actuales —desde la geometría aplicada a la arquitectura hasta los calendarios lunares utilizados en la agricultura— tienen raíces profundamente egipcias.
¿Incluso la moda? Tal vez también.
¿Por qué importa esto hoy?
En una era marcada por la innovación tecnológica, la inteligencia artificial y los cambios globales acelerados, el legado del Antiguo Egipto resulta más relevante que nunca. Nos recuerda que la visión de futuro no es una idea nueva, sino un rasgo eterno de la creatividad humana.
También nos enseña que nuestros antepasados no eran sociedades primitivas, sino civilizaciones dotadas de una enorme percepción, ingenio y sensibilidad estética.
Por eso, la próxima vez que vea una mochila de lujo sobre una pasarela o a un diseñador moderno intentando “reinventar la tradición”, recuerde una cosa:
Niankhpepikem la llevó primero.
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