La derrota de los enemigos en el arte del Antiguo Egipto: de la Paleta de Narmer a los relieves de Ramsés II
Por Flamenco .Publicado el
2026/06/11 04:57
Julio. 11, 2026
En una escena que sintetiza la esencia de la filosofía política y militar del Antiguo Egipto, los relieves y esculturas de los reyes faraónicos transmitieron a lo largo de más de tres mil años una iconografía unificada, conocida en los círculos arqueológicos como la Smiting Pose o postura del abatimiento del enemigo. En ella, el monarca aparece alzando su arma sobre los adversarios en una representación simbólica del poder del Estado y de la victoria del orden sobre el caos.
Un informe publicado por el sitio web Egypt Museum señala que esta tradición artística no era un mero registro de victorias militares, sino que transmitía un profundo mensaje político y religioso: el rey era el garante del orden cósmico conocido como Maat y el protector de Egipto frente a las fuerzas de la agitación y el desorden que amenazaban la estabilidad del reino.
Tres piezas arqueológicas excepcionales permiten seguir la evolución de esta doctrina visual desde los albores del Estado egipcio hasta el apogeo del Imperio Nuevo.
1. La Paleta de Narmer: el nacimiento del símbolo del poder egipcio
(Museo Egipcio de El Cairo)
Los primeros orígenes de este lenguaje visual se remontan al amanecer de la historia egipcia, concretamente al reverso de la Paleta del rey Narmer, fundador de la Primera Dinastía, que data aproximadamente del año 3100 a. C. y se conserva actualmente en el Museo Egipcio de El Cairo.
La pieza, elaborada en esquisto verde, muestra al rey Narmer con un tamaño muy superior al del resto de los personajes, una convención artística destinada a resaltar su condición excepcional. El monarca alza su maza de combate sobre la cabeza de un enemigo arrodillado mientras lo sujeta por el cabello con la otra mano, en una escena que se convertiría en el modelo clásico para representar los triunfos de los faraones durante milenios.
La escena está cargada de simbolismo político y religioso. El dios Horus aparece representado como un halcón dominando la tierra del Delta, en alusión al sometimiento del Bajo Egipto y a la unificación del país bajo la autoridad del rey. En la parte inferior de la paleta se observan los cuerpos de los enemigos derrotados junto a las murallas de ciudades destruidas, una representación simbólica de la victoria del poder central y del nacimiento del Estado egipcio unificado.
2. El reposapiés de Tutankamón: la doctrina bajo los pies del faraón
(Museo Egipcio de El Cairo – procedente de la tumba KV62)
Durante el Imperio Nuevo, la iconografía de la derrota de los enemigos dejó de limitarse a los muros de los templos y monumentos oficiales. Los artesanos reales la incorporaron incluso a objetos de uso cotidiano, como el célebre reposapiés hallado en la tumba de Tutankamón.
Fabricado en madera estucada y dorada, el objeto constituye una manifestación tangible de la ideología faraónica.
Los enemigos a los pies del faraón: el reposapiés muestra a prisioneros y adversarios tradicionales de Egipto tendidos boca abajo y con las manos atadas a la espalda, en una representación de sometimiento absoluto.
Diversidad étnica de los oponentes: el artista diferenció cuidadosamente a los distintos pueblos vecinos. Entre ellos destacan los nubios, representados con rasgos africanos característicos, y los asiáticos o sirios, identificables por sus facciones y vestimentas particulares.
El mensaje político: cada vez que el faraón se sentaba en su trono, colocaba literalmente sus pies sobre la imagen de los enemigos del reino, reforzando visualmente la idea de que el soberano debía mantener sometidas las fuerzas del desorden.
3. Ramsés II: la cumbre de la expresión imperial
(Relieve calcáreo de Menfis – Museo Egipcio de El Cairo, JE 46189)
Casi dos mil años después de la época de Narmer, los faraones continuaron utilizando la iconografía de la derrota de los enemigos, aunque esta alcanzó su máxima madurez artística y política durante el reinado de Ramsés II (1279–1213 a. C.).
Ello se aprecia en un relieve calcáreo policromado descubierto en las ruinas de la antigua ciudad de Menfis, capital administrativa y religiosa de Egipto durante largos períodos, y conservado actualmente en el Museo Egipcio de El Cairo bajo el número de inventario JE 46189.
La obra muestra al rey portando la corona azul de guerra (Jepresh), adornada con la cobra real o uraeus, mientras levanta su hacha de combate sobre un grupo de prisioneros y enemigos.
Más que representar una batalla concreta, la escena consolida la imagen del faraón como protector supremo del Estado egipcio y garante de la seguridad de sus fronteras.
Anatomía de los enemigos: un mapa político en los muros de los templos
Los artistas del Imperio Nuevo se distinguieron por una notable precisión al retratar a los pueblos extranjeros. Las comunidades hostiles no aparecían como una masa homogénea, sino que eran diferenciadas mediante rasgos físicos, peinados, barbas y vestimentas que permitían reconocer sus procedencias geográficas y culturales.
En el relieve pueden identificarse tres grandes grupos:
Los asiáticos o pueblos del Levante, caracterizados por sus rasgos afilados y sus barbas puntiagudas.
Los libios, reconocibles por sus peinados laterales y elementos distintivos de su indumentaria.
Los nubios, representados con rasgos africanos, piel oscura y peinados específicos.
Los investigadores subrayan que la presencia de nubios entre los enemigos representados en algunas escenas no implica una hostilidad permanente entre Egipto y Nubia. A lo largo de la historia, ambos territorios mantuvieron extensas relaciones comerciales, intercambios culturales y alianzas políticas. De hecho, siglos más tarde, reyes nubios gobernarían Egipto durante la Dinastía XXV.
De la propaganda real a la diplomacia
Estas representaciones reflejan el contexto militar de la época de Ramsés II, quien sostuvo una larga rivalidad con el Imperio hitita por el control de las regiones estratégicas del Levante.
El enfrentamiento alcanzó su punto culminante en la célebre batalla de Kadesh, una de las mayores confrontaciones de carros de guerra de la Antigüedad. Aunque las inscripciones egipcias presentaron el episodio como una victoria personal de Ramsés II, la mayoría de los historiadores modernos considera que el resultado fue más cercano a un empate militar entre ambas potencias.
Tras años de enfrentamientos, egipcios e hititas optaron por la vía diplomática y firmaron uno de los tratados de paz escritos más antiguos conocidos, inaugurando una etapa de estabilidad política y cooperación entre los dos grandes imperios del Oriente Próximo antiguo.
Así, la imagen del rey alzando su arma sobre los enemigos dejó de ser una simple escena bélica para convertirse en un poderoso símbolo ideológico. Durante más de tres mil años expresó los conceptos de autoridad, legitimidad y protección del orden, consolidándose como uno de los motivos más duraderos e influyentes del arte del Antiguo Egipto.
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