Cinco argumentos que obligan a Berlín a devolver el busto de Nefertiti a Egipto
Por Elisabeth Rushton und Ahmed El-Gammal .Publicado el
2026/07/24 03:26
Junio. 24, 2026
Durante casi un siglo, el busto de Nefertiti ha sido uno de los mayores símbolos culturales de Berlín, pese a haber llegado a Alemania en circunstancias que hoy suscitan serias dudas. Con el paso del tiempo, especialistas e historiadores han comenzado a cuestionar los fundamentos jurídicos, históricos y éticos que permitieron su traslado, mientras crecen las voces que reclaman su regreso definitivo a Egipto.
Su mirada serena y elegante cautiva a los visitantes desde el instante en que entran en la sala 210 del Neues Museum de Berlín. Nefertiti, convertida en un icono universal de la belleza y en la reina indiscutible de la Isla de los Museos, domina por completo el espacio. Su busto, descubierto hace 110 años por un arqueólogo alemán en Egipto, es la única pieza expuesta en esta amplia sala, una decisión plenamente justificada, pues son muy pocas las obras capaces de competir con el magnetismo de una reina de hace 3.400 años. Sus ojos delineados con kohl, el refinamiento de su largo cuello, la delicadeza de sus facciones y el intenso azul real de su corona continúan fascinando al mundo.
En 1912, el arqueólogo alemán Ludwig Borchardt descubrió el busto de la reina Nefertiti en Tell el-Amarna, en el norte de Egipto. Desde 1924 permanece expuesto en el Neues Museum de Berlín, donde constituye la joya más preciada del Museo Egipcio, cuya colección supera las 90.000 antigüedades.
Sin embargo, el busto figura entre las piezas cuya restitución Egipto reclama desde hace décadas. El debate sobre su lugar legítimo no solo enfrenta a Egipto y Alemania, sino que forma parte de una discusión mucho más amplia en Europa occidental acerca de la devolución de los bienes culturales obtenidos durante la época colonial.
Alemania ha mostrado en los últimos años una mayor disposición a revisar este tipo de casos, aunque generalmente después de largos periodos de resistencia. Un ejemplo significativo fue la devolución de los Bronces de Benín a Nigeria, culminada con la restitución de 21 piezas en diciembre del año pasado. Para numerosos egiptólogos, la inminente apertura del Gran Museo Egipcio, junto a las pirámides de Guiza, representa el momento idóneo para permitir que la célebre reina —cuyo nombre significa «La bella ha llegado»— regrese finalmente a la tierra donde nació.
Un egiptólogo propone sustituir el original por una réplica
Uno de los principales defensores de esta idea es el egiptólogo Hassan Saber, residente en Berlín. Saber reconoce el enorme valor simbólico que Nefertiti tiene para los berlineses y la define como una embajadora no oficial de Egipto en Alemania.
En declaraciones al diario Berliner Zeitung, afirmó:
«No es necesario devolver todas las antigüedades egipcias que se encuentran en museos internacionales. Sin embargo, piezas únicas e icónicas como este busto deben regresar al lugar donde fueron creadas.»
A su juicio, la mejor solución sería sustituir el busto original por una réplica exacta de alta calidad, acompañada de paneles informativos que expliquen a los visitantes las razones de su devolución. Considera que un gesto así sería recibido con respeto por el público internacional e incluso supondría un beneficio para el propio museo desde el punto de vista cultural y museográfico.
«Sería un acto moral que el museo le debe a Nefertiti si realmente dice respetarla», sostiene Saber.
El investigador añade que también es necesario reconocer que la presencia de numerosas antigüedades egipcias en ciudades como Berlín, París o Londres fue posible gracias a leyes coloniales de reparto de hallazgos arqueológicos que hoy ya no pueden considerarse legítimas desde una perspectiva histórica y ética.
¿Llegó Nefertiti a Berlín mediante un engaño?
La historia del traslado del busto comenzó el 6 de diciembre de 1912, cuando Egipto permanecía bajo ocupación británica. Tras el descubrimiento realizado por Ludwig Borchardt, la pieza fue enviada posteriormente a Berlín gracias al apoyo financiero de James Simon, presidente de la Sociedad Oriental Alemana (DOG), institución que financiaba las excavaciones arqueológicas.
Sin embargo, un reportaje publicado por la revista Der Spiegel en 2009 sembró serias dudas sobre la legalidad de la exportación del busto.
Según el sistema vigente entonces, conocido como «reparto de hallazgos», la mitad de las piezas descubiertas correspondía al equipo excavador y la otra mitad quedaba para Egipto, bajo la supervisión del Servicio de Antigüedades, controlado por las autoridades francesas.
La gran pregunta es por qué el busto de Nefertiti no fue seleccionado para permanecer en Egipto.
Documentos de la Sociedad Oriental Alemana revelan que Borchardt pretendía «salvar el busto para nosotros». Para lograrlo, habría inducido a error al inspector francés Gustave Lefebvre, ocultando la verdadera apariencia de la obra mediante capas de barro y tela y evitando mostrar fotografías que reflejaran toda su belleza. Además, en el acta oficial describió el busto como una pieza de yeso, cuando en realidad estaba realizado sobre un núcleo de piedra caliza recubierto de estuco.
El museo rechaza las acusaciones de fraude
Las revelaciones publicadas por Der Spiegel provocaron un intenso debate en Alemania. Sin embargo, Dietrich Wildung, entonces director del Museo Egipcio de Berlín, evitó pronunciarse sobre las acusaciones. En una entrevista con Al Jazeera señaló que, debido a la enorme popularidad del busto, circulan numerosas historias y rumores sobre su descubrimiento y traslado, por lo que consideró imposible confirmar la veracidad de las afirmaciones publicadas por la revista
Hasta hoy, el Neues Museum mantiene la misma postura. En declaraciones al diario Berliner Zeitung, un portavoz del museo afirmó que «no puede hablarse en absoluto de un engaño deliberado». Añadió que, antes del reparto oficial de los hallazgos, los inspectores tuvieron acceso tanto a las piezas originales como a las cajas abiertas para examinarlas y valorarlas, por lo que, según la institución, el proceso se desarrolló conforme a las normas vigentes en aquel momento.
Las reiteradas solicitudes egipcias
Desde 1924, el Gobierno egipcio ha presentado tres solicitudes oficiales para recuperar el busto de Nefertiti. La más conocida fue impulsada en 2009 por Zahi Hawass, entonces secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto.
Durante su mandato, Hawass elaboró un plan para recuperar tres de las antigüedades egipcias más emblemáticas conservadas en el extranjero: la Piedra de Rosetta, expuesta en el Museo Británico; el Zodíaco de Dendera, conservado en el Museo del Louvre de París; y el busto de Nefertiti, en Berlín.
Hawass dirigió solicitudes oficiales a los tres museos para que prestaran estas piezas al Gran Museo Egipcio de Guiza, destinado a convertirse en el mayor complejo museístico arqueológico del mundo, con más de 100.000 objetos del antiguo Egipto, incluida la colección completa de Tutankamón.
Las tres peticiones fueron rechazadas.
En el caso de Berlín, el museo justificó su negativa alegando la extrema fragilidad del busto. Esa posición continúa vigente. Según un portavoz del Museo Egipcio, la institución considera su deber preservar la pieza en las mejores condiciones posibles, ya que constituye una obra excepcional del patrimonio cultural universal. Por razones estrictamente relacionadas con su conservación, el busto no puede ser trasladado.
No obstante, en 2009 también trascendió que existía otra preocupación: el temor a que un préstamo temporal a Egipto desencadenara manifestaciones multitudinarias exigiendo que la obra nunca regresara a Alemania.
Zahi Hawass respondió con firmeza a esas sospechas:
«No somos los Piratas del Caribe.»
Subrayó que Egipto es «un país civilizado» que respeta plenamente sus compromisos internacionales y que, por tanto, no existía motivo alguno para dudar de la devolución de la pieza una vez finalizado un eventual préstamo. Sin embargo, las negociaciones no prosperaron y, desde entonces, Egipto no ha presentado nuevas solicitudes oficiales.
«Si Alemania no la devuelve, demostraremos que fue robada»
En Egipto, la cuestión continúa siendo objeto de un intenso debate.
Algunos activistas han propuesto reservar una sala vacía en el nuevo Gran Museo Egipcio como símbolo de protesta por la ausencia de Nefertiti. Paralelamente, diversas iniciativas académicas trabajan para reunir nuevas pruebas que respalden la restitución del busto.
Antes de abandonar su cargo, Zahi Hawass llegó a afirmar que, si Alemania seguía negándose a prestar la obra, demostraría que había salido ilegalmente de Egipto para exigir su devolución definitiva.
En la actualidad, la arqueóloga Mónica Hanna, decana de la Facultad de Arqueología y Patrimonio Cultural de la Academia Árabe de Ciencia, Tecnología y Transporte Marítimo, prepara una nueva campaña con ese objetivo. Su investigación incluye el estudio de los Archivos Nacionales de Egipto y el análisis de la documentación presentada por las autoridades alemanas para defender la legalidad de la adquisición.
Originaria de la provincia de Minya, donde fue descubierto el busto, Hanna declaró al Berliner Zeitung:
«Siempre he sentido una conexión muy especial con Nefertiti, porque la considero una de mis antepasadas.»
Según explica, sus investigaciones indican que la Ley Egipcia de Antigüedades de 1912 permitía repartir los hallazgos entre Egipto y las misiones arqueológicas extranjeras únicamente como compensación por los gastos de excavación. Sin embargo, establecía una condición esencial: las piezas únicas y excepcionales no podían formar parte de la porción asignada a la expedición extranjera. A juicio de Hanna, el busto de Nefertiti reunía precisamente esas características.
Berlín mantiene que la adquisición fue legal
El Neues Museum rechaza categóricamente las acusaciones de posesión ilegal.
En respuesta al Berliner Zeitung, un portavoz declaró que el busto llegó a Berlín conforme a la legislación vigente sobre el reparto de hallazgos arqueológicos y que, por tanto, «no existe ninguna razón para devolverlo».
Asimismo, sostuvo que los contratos firmados durante aquella época siguen siendo jurídicamente válidos y que la documentación existente sobre las excavaciones no demuestra ninguna actuación ilegal.
Al mismo tiempo, el museo subraya que desde hace décadas mantiene una estrecha cooperación con especialistas egipcios y con instituciones de otros países de origen, y asegura que permanece abierto a un diálogo permanente y constructivo sobre el futuro del patrimonio cultural.
Un historiador: la dimensión ética ocupa hoy el centro del debate
Para el arqueólogo e historiador Ulf Ickerodt, el caso de Nefertiti constituye uno de los ejemplos más representativos de por qué los acuerdos históricos firmados entre las potencias coloniales y los territorios que estuvieron bajo su dominio deben ser revisados a la luz de los principios actuales.
«La historia nunca ha sido sencilla», afirma.
A su juicio, el debate ya no puede limitarse a determinar si los procedimientos fueron legales conforme a las normas de la época. La cuestión esencial consiste en preguntarse si aquellos acuerdos fueron realmente libres y legítimos, teniendo en cuenta el contexto político en que se adoptaron.
Entre 1882 y 1922, Egipto permaneció bajo ocupación británica, mientras que el Servicio de Antigüedades, encargado de administrar el patrimonio arqueológico egipcio, estuvo dirigido por autoridades francesas hasta la Revolución de 1952. En consecuencia, durante ese largo periodo ni el pueblo egipcio ni sus representantes elegidos participaron como interlocutores soberanos en las decisiones relativas a la exportación de sus antigüedades.
En los últimos años, el componente ético ha adquirido un peso creciente en este debate.
Ickerodt recuerda el informe elaborado en 2018 por la historiadora del arte francesa Bénédicte Savoy y el académico senegalés Felwine Sarr, por encargo del presidente Emmanuel Macron, sobre la restitución del patrimonio africano conservado en Francia. Aquel documento marcó un punto de inflexión en el debate internacional sobre la descolonización de las colecciones museísticas.
La cuestión fundamental dejó de ser si la adquisición había sido legal según las normas vigentes en aquel momento para convertirse en otra mucho más profunda: ¿es moralmente correcto seguir conservando esas piezas lejos de los pueblos a los que pertenecen?
Por su parte, Hassan Saber considera necesario convocar una conferencia internacional en la que participen los países que todavía albergan importantes colecciones de antigüedades egipcias.
«No se trata simplemente de reclamar la devolución de cada pieza por separado. Necesitamos un diálogo entre arqueólogos, especialistas en patrimonio cultural, juristas internacionales y responsables políticos para analizar el problema desde todas sus dimensiones y alcanzar una solución justa.»
Ickerodt reconoce sentirse dividido respecto al futuro del busto de Nefertiti.
«Admiro el busto tanto como cualquier visitante del Neues Museum. Es un extraordinario embajador de Egipto y de una civilización con más de cinco mil años de historia.»
Pero añade inmediatamente:
«La política que permitió repartir este tipo de antigüedades fue profundamente colonial, en el peor sentido de la palabra.»
Según el historiador, no existe una solución sencilla. Algunas propuestas, como hacer circular las piezas entre distintos museos del mundo, chocan con la extrema fragilidad de muchas de ellas y con los enormes costes de transporte y conservación.
Al mismo tiempo, tampoco desea un mundo en el que las obras de arte solo puedan contemplarse en los países donde fueron creadas.
Concluye con una reflexión que resume la complejidad del debate:
«No sé cómo pueden cicatrizar las heridas de la historia sin abrir otras nuevas.»
Conclusión: los cinco argumentos que respaldan el regreso de Nefertiti a Egipto
A la luz de los hechos expuestos, pueden identificarse cinco razones fundamentales que cuestionan la legitimidad de la permanencia del busto de Nefertiti en Berlín y respaldan su restitución a Egipto:
1. Fraude y ocultación: existen indicios de que el verdadero valor artístico del busto fue ocultado y que incluso se falseó la descripción de sus materiales durante el reparto de los hallazgos en 1912.
2. Vulneración de la legislación vigente: la normativa egipcia de la época prohibía la exportación de piezas únicas y excepcionales, categoría en la que encajaba claramente el busto de Nefertiti.
3. Falta de legitimidad política: la salida de la obra se produjo bajo un sistema de dominación colonial que privaba a Egipto de una capacidad soberana de decisión sobre su patrimonio.
4. Justicia histórica y ética: las actuales normas internacionales sobre restitución del patrimonio cultural impulsan la revisión de los legados coloniales y la reparación de las injusticias históricas.
5. Merecimiento cultural: con la apertura del Gran Museo Egipcio, Egipto dispone hoy de todas las condiciones científicas y museográficas necesarias para conservar y exhibir una de las obras maestras más importantes de su civilización, permitiendo que «la Bella de Amarna» regrese finalmente a su contexto histórico y cultural original.
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