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Nuni, la princesa egipcia que desafió a la muerte con belleza


Por Melissa .Publicado el 2026/08/08 07:37
Nuni, la princesa egipcia que desafió a la muerte con belleza
Agosto. 08, 2026
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Una momia de casi 3.000 años revela el poder, la riqueza y la obsesión por conservar un rostro joven incluso después de la muerte

En el antiguo Egipto, la muerte no significaba el final. Era el comienzo de otra existencia. Por eso había que preservar el cuerpo, proteger la identidad y, en la medida de lo posible, conservar la apariencia de una persona viva.

La historia de Nuni, una princesa y sacerdotisa egipcia de la XXI dinastía, ofrece una extraordinaria ventana a esa concepción del más allá. Vivió durante el Tercer Periodo Intermedio, aproximadamente entre 1070 y 945 a. C., y su momia y ajuar funerario permiten reconstruir no solo las prácticas religiosas de su época, sino también la importancia que los antiguos egipcios concedían a la belleza y a la apariencia.

Nuni, cuyo nombre también aparece escrito como Nany, desempeñó importantes funciones religiosas y sociales. Ostentó los títulos de «Hija del Rey de su cuerpo», «Cantora de Amón» y «Señora de la Casa».

Todo apunta a que era hija del sumo sacerdote Pinedyem I (Pinedjem I), quien posteriormente se convirtió en faraón. Una de las principales pistas es que Nuni fue enterrada cerca de otras hijas de Pinedyem. Además, su ataúd presenta sorprendentes semejanzas con el de su supuesta hermana Henuttawy.

Mucho menos se sabe de su madre, Tentnabekhenu. Su nombre solo ha llegado hasta nosotros a través del «Libro de los Muertos» de Nuni, hallado en su tumba. Se ha planteado la posibilidad de que fuera hija del sumo sacerdote Herihor o, quizá, de uno de los reyes de Tanis.

Una tumba marcada por el caos

Nuni fue enterrada en la tumba TT358, situada en Deir el-Bahari. El sepulcro había pertenecido originalmente a Ahmose-Meritamen, una reina de comienzos de la XVIII dinastía, hermana y esposa de Amenhotep I.

Siglos después, durante el año 19 del reinado de Pinedyem, la tumba fue restaurada y posiblemente reutilizada para la sepultura de Nuni.

Pero su último descanso estuvo lejos de ser tranquilo.

Cuando la tumba fue descubierta, los restos de Nuni y sus ataúdes aparecieron en un estado de absoluto desorden, abandonados en el corredor de TT358. Todo indica que el enterramiento fue saqueado poco después de la ceremonia funeraria.

Es probable que quienes participaron en el cortejo funerario arrancaran las piezas de oro de los ataúdes antes de abandonar el lugar y dejaran sus componentes esparcidos por el corredor.

El resultado fue casi paradójico: los ataúdes de Nuni terminaron bloqueando el acceso a la cámara funeraria original de la reina Ahmose-Meritamen.

Sin embargo, no todo desapareció. Numerosos objetos sobrevivieron al saqueo y permiten hoy reconstruir aspectos extraordinariamente íntimos de la vida y la muerte de Nuni.

Ataúdes reutilizados para una princesa

Uno de los detalles más reveladores se encuentra en los propios ataúdes.

El conjunto de ataúdes de madera de sicomoro había sido fabricado originalmente para la madre de Nuni. Más tarde, el nombre y los títulos de la hija fueron pintados sobre los de su madre.

La operación, sin embargo, fue bastante poco cuidadosa. Las inscripciones originales siguen siendo visibles, como si el pasado se negara a desaparecer por completo bajo la nueva identidad.

Tanto los ataúdes interiores (30.3.24a,b) como los exteriores (30.3.23a,b) presentan pérdidas en las zonas que probablemente estuvieron cubiertas de oro.

Una vez más, todo apunta al saqueo inmediato de los elementos más valiosos. El rostro y las manos doradas fueron arrancados poco después del entierro, una práctica que, por desgracia, no era excepcional.

También se conservó una máscara funeraria (30.3.25) que se colocaba sobre la momia. Pero incluso en este caso desapareció el rostro dorado.

El «Libro de los Muertos», oculto dentro de Osiris

Entre los objetos que acompañaban a Nuni había una pieza especialmente intrigante: una figura de Osiris con un espacio hueco en su interior, cerrado mediante una tapa circular fijada con yeso.

No era un simple detalle constructivo.

En ese pequeño compartimento secreto se había escondido el «Libro de los Muertos» de Nuni, protegido de miradas y manos indiscretas.

El papiro (30.3.35), conocido también como el «Libro para salir al día», contiene los capítulos 128, 30, 75, 115, 132, 94, 71, 72 y 105.

Algunos capítulos están acompañados de ilustraciones relacionadas con el texto. Otros contienen únicamente imágenes. En ellas aparece Nuni como una mujer joven en el más allá.

Un detalle resulta especialmente revelador: el exterior del rollo de papiro lleva el nombre de su madre, mientras que el nombre de Nuni aparece en el interior.

El documento no era únicamente un texto religioso. Era también una especie de guía personal para afrontar el viaje hacia la otra vida.

Doce horas para atravesar la noche

Otro texto (30.3.32) fue encontrado cuidadosamente doblado en ocho partes y colocado sobre la parte superior de los muslos de la momia.

Se trata del Amduat, el «Libro de lo que hay en el Inframundo». Su función era ayudar al difunto a atravesar con éxito las doce horas de la noche en el mundo de los muertos.

La versión encontrada en la tumba de Nuni es extremadamente abreviada, pero conserva representaciones de la propia difunta.

Sobre su pecho apareció también un amuleto de escarabajo de fayenza (30.3.34), en el que un escarabajo aparece representado sobre una pieza de fayenza con forma de media luna.

Junto al cuerpo se encontró asimismo una guirnalda funeraria (30.3.33a). El cortejo funerario la había dividido en dos partes: una fue colocada sobre el pecho de la momia y la otra apareció detrás de uno de los ataúdes, sobre el suelo de la tumba.

La guirnalda estaba elaborada con hojas de persea y pétalos de loto, cosidos mediante una doble puntada sobre estrechas tiras de hojas de palma.

Lino, una peluca y 392 ushebtis

Entre las numerosas capas de vendas de la momia apareció además un fragmento de lino (30.3.36), cortado de un chal con flecos.

La inscripción que llevaba probablemente debía identificar al propietario del tejido o indicar su calidad. Sin embargo, la tinta se había deteriorado y había penetrado en las fibras del tejido.

Cerca de la cabeza de Nuni apareció también una peluca (30.3.35). Cuando fue descubierta estaba cubierta de una sustancia pegajosa y resinosa. Lo más probable es que hubiera sido tratada con cera de abeja y grasas animales.

Y aún había más.

En las proximidades aparecieron siete cajas de ushebtis, extraordinariamente sencillas: pintadas de blanco y completamente desprovistas de inscripciones.

Cinco se conservan actualmente en el Metropolitan Museum of Art y otras dos en El Cairo.

En su interior había nada menos que 392 figuras ushebti.

Estas pequeñas figuras tenían una función muy concreta: actuar como «sirvientes» del difunto en el más allá y realizar por él determinadas tareas. Por ello también eran necesarios los llamados «supervisores», encargados de dirigir al resto de las figuras.

Solo se muestran aquí algunas de ellas, pero la base de datos del Metropolitan Museum conserva imágenes de todos los ushebtis de Nuni que forman parte de su colección.

¿Qué ocurrió con la momia de Nuni?

Una de las incógnitas más desconcertantes es precisamente la que afecta al cuerpo de Nuni.

No ha sido posible localizar una fotografía de su momia ni siquiera un número de registro inequívoco. Sí se sabe que sus vendas fueron retiradas.

Las investigaciones indican que su cráneo se encuentra actualmente en el Peabody Museum de la Universidad de Harvard, lo que hace pensar que el resto de la momia podría haberse perdido.

Las vendas fueron retiradas por el egiptólogo estadounidense Herbert Winlock en el Metropolitan Museum, en 1929 o 1930.

El examen reveló a una mujer extraordinariamente baja, de aproximadamente 1,47 metros de altura, pero de constitución corpulenta. Sus características físicas podrían indicar que disfrutó de una vida acomodada.

Nuni murió probablemente a los 70 años, una edad considerable para su época y posiblemente superior incluso a la de su padre.

Belleza contra la muerte

Pero lo más fascinante de Nuni no es su estatura, su edad ni siquiera su posición social.

Es la extraordinaria atención dedicada a su apariencia después de la muerte.

Los embalsamadores trataron su cuerpo con especial cuidado. Su cabello fue teñido y se introdujeron materiales bajo la piel para devolver al cuerpo un aspecto más natural y vital.

Su rostro también fue cuidadosamente pintado.

No se trataba únicamente de retrasar la descomposición. El objetivo parecía ser conservar la identidad de Nuni, mantener reconocible su rostro y devolverle, al menos simbólicamente, la apariencia de una mujer viva.

Casi tres mil años después, esa intención sigue siendo visible.

Nuni nos habla de una civilización que no concebía la muerte como una desaparición absoluta. El cuerpo debía sobrevivir al tránsito hacia el más allá. La identidad debía permanecer. Y la belleza, de algún modo, debía resistir al tiempo.

Quizá ese sea el verdadero legado de Nuni: que ni siquiera la muerte consiguiera imponer la última imagen de ella.

Su rostro fue preparado para la eternidad. Y, miles de años después, seguimos intentando reconstruir a la mujer que quiso vencer a la muerte conservando su belleza.

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